sábado, 5 de diciembre de 2009

Beneficencia educativa en Jerez en el Siglo XVIII.

Artículo publicado en la Revista de Historia de Jerez, 9, 2003 pp. 105- 121 en el que analizamos  los distintos establecimientos docentes fundados en Jerez durante el setecientos que intentarán cubrir la falta de instrucción de las clases desfavorecidas.



El estudio de la Educación en nuestra ciudad ha mostrado la gran importancia, hasta fechas bien entradas en el siglo XX, de la iniciativa particular en la promoción de la enseñanza primaria (1).

Este considerable peso de lo que hemos venido a llamar "beneficencia educativa" en el panorama educativo local de principios del siglo pasado lo debemos, en gran parte, a un inestable siglo diecinueve en el que las continuas tensiones políticas, sociales y económicas impedirán la total implantación y generalización de una educación primaria dependiente de las instituciones públicas. La más que notable falta de medios materiales (escuelas públicas) y personales (maestros/as) que conllevó estas circunstancias dejarán fuera del sistema educativo a la mayor parte de los sectores más pauperizados de la sociedad española en general y jerezana en particular.

Como respuesta a esta situación proliferarán numerosas obras e instituciones benéficas que venían, de un modo u otro, a tratar de cubrir la falta de instrucción de este crecido número de potenciales analfabetos. La razón de ser de estas iniciativas no era otra que una asistencia social marcada, en la mayoría de ellas, por un carácter caritativo-cristiano que hunde sus raíces en tiempos muy anteriores a los diferentes reglamentos y leyes decimonónicas que, heredando el espíritu doceañista, defenderán una enseñanza pública, uniforme y gratuita.

Nuestro trabajo se centrará en estos tiempos anteriores en los que la instrucción de la infancia indigente provenía de estas "obras piadosas". Trataremos, de este modo, los establecimientos de primeras letras que, con dicho fin, se erigieron en nuestra ciudad durante el siglo XVIII, centuria ésta en la que la idea de Utilidad pública -con todas las connotaciones que el movimiento ilustrado le otorgará y que tanta repercusión posterior tendrá- se irá abriendo camino vinculándose a las nociones de Educación y Beneficencia.

En las páginas que siguen estudiaremos estas fundaciones docentes con el objetivo de aportar unos apuntes acerca de esta faceta de la beneficencia y, a su vez, dibujar, a grandes rasgos, la función educativa en el Jerez del "Siglo de las luces".



1. LA ESCUELA "DE VECINO"



El 10 de Agosto de 1730, Ambrosio Magdaleno Bravo y Angulo (2) instituye un "patronato y obra pía de una escuela de primeras letras para enseñar a todos los niños que quisieren y que por la pobreza de sus padres no puede darle otra escuela de enseño para que en ella aprendan la doctrina cristiana que se enseñan y practica en todas, a leer y escribir y ayuden a misa..." (3).

Esta es la primera escuela fruto de una acción benéfica en nuestra ciudad en este siglo XVIII. Se trata de la que vino a llamarse escuela "de Vecino", establecimiento que se ocupó de la educación de jóvenes jerezanos durante más de cien años (4). Es, por ello, el punto de partida de nuestro estudio.



1.1 Las motivaciones y fines de la fundación

Vamos ha abordar este primer caso de la beneficencia educativa jerezana tratando, como primer y principal asunto, las motivaciones que desencadenan en Bravo y Angulo la idea realizar una "obra piadosa" de esta índole. Estas las encontramos en la propia introducción de su escritura fundacional:



"... por cuanto la comun pobreza de este pueblo, (5) mucha parte de el no puede asistir a dar sus hijos escuela de primeras letras por falta de medios, motibo por el que en su primera edad se crian barvaramente y sin el expresado conocimiento y sabiduria que deben tener como fieles christianos de su santisima doctrina y altos misterios de nuestra Santa Fe Catholica [...] privandose por este medio de asistir al estado eclesiastico [...] . Deseo en mi buen animo de remediar tan ebidentes e inteligibles perdidas y perjuicios como facilmente se da a conocer para honra y Gloria de Dios nuestro Señor y por su altisima providencia y divino ausilio en tan yndividual y notorio provecho de las almas...".



La cita anterior nos muestra unas razones que apenas difieren de las de otras fundaciones piadosas, propias del Antiguo Régimen, ligadas a la mentalidad del servicio a Dios a través del ejercicio de la caridad (6). Pero, en este caso, se aleja de una concepción simplista de la misma acercándose a los presupuestos surgidos, asimismo, en el marco de la contrarreforma bajo los que se acogieron gran cantidad de instituciones docentes durante el siglo XVI (Compañía de Jesús, escolapios, los Niños de la Doctrina...). Como se observa, la finalidad última de esta obra pía es honrar y glorificar a Dios, materializándose con la instauración de un establecimiento que, además de instruir, adoctrine. En este sentido, hemos de advertir la falta de centros de estas características que atendieran las necesidades "educativas-espirituales" de la población infantil jerezana más pobre, hecho éste, que pudo desencadenar o influir la creación de esta acción benéfica (7).



1.2 El proceso de puesta en funcionamiento de la escuela.



Una vez vistas las razones dadas por Bravo y Angulo para la fundación de la escuela y las finalidades que persigue con la misma, vamos a ocuparnos a continuación del proceso de su puesta en marcha.

Ambrosio, como único heredero de su hermano, el canónigo de la Colegial Juan Magdaleno Bravo y Angulo, resuelve destinar parte de la herencia recibida de éste para la dotación de su patronato y obra pía (8). De este modo, comprará una casa en la calle de Santa María, esquina a la callejuela de Mesones y con frente al convento de la Vera-Cruz, edificando una casa de nueva planta "con cuadra alta y baja por anchura desahogo y separación" en la que se albergaría el establecimiento docente (9). Asimismo, dispone 10.000 ducados para que se inviertan, como renta principal, para la compra de casas y que con los réditos de la imposición de las mismas se obtuviese los 300 ducados (3300 reales de vellón) anuales con los que se dotaría su patronato benéfico, cantidad ésta acorde con las de otras fundaciones de esta índole puestas en marcha en este siglo (10) . En la misma cláusula se establece que el patrón -del que hablaremos seguidamente- no podría hacer uso propio de dicho caudal, siendo los réditos sobrantes destinados exclusivamente para el patronato.



1.1.1 La figura del patrón. Sus responsabilidades.

Una vez resuelto los pormenores relativos a la erección física de la escuela, nuestro fundador se ocupará de la administración del patronato escolar.

Siguiendo la tendencia habitual de dejar la beneficencia en manos eclesiásticas, la función de patronazgo la hace recaer en la Orden Tercera de Penitencia de San Francisco del convento de la Vera-Cruz. Esta elección no fue hecha al azar, pues Bravo y Angulo (como demuestra en la escritura de fundación de la escuela) simpatizaba grandemente con dicho convento, siendo por ello tercero y escapulario secular de la Orden de sus cercanos vecinos, hecho que nos muestra nuevamente la gran religiosidad de nuestro benefactor (11). Los frailes terciarios, tras el informe favorable de los superiores de su Orden, aceptarán la cláusulas que comportaban el patronazgo el 10 de Octubre de 1730 (12).

Las cláusulas que acompañan la escritura de fundación de la escuela, además de reglamentar el funcionamiento del patronato y, por tanto, las obligaciones del patrón, resaltan su marcado carácter religioso y nos acercan, a su vez, a la figura de su promotor.

En la primera de ellas se expresa como condición que " esta fundación y obra pia que siempre y continuamente se a de tener en dha. escuela un religioso rector de primeras letras de buena vida y costumbres prudente y de buena razon havil y capaz y suficientemente para dho. ministerio..." Esta condición religiosa del maestro es lógica si tenemos presente los fines para los que se erige la escuela. Además de definir el carácter eclesiástico del preceptor (que sólo en el caso de no encontrarse un religioso adecuado podría ser seglar), se estipulará las normas de actuación que éste debe seguir en su práctica docente. No podemos resistirnos a transcribir íntegra dicha cláusula, pues la creemos de bastante interés por el sentido didáctico-pedagógico en ella expresado:



"es condición que dho. maestro de primeras letras que se ocupa de la enseñanza de los dhos. niños que an de ser en su tiempo hombres prudentes y benignos, por lo que no ha de poder usar ni practicar el dho. enseño con excecivo rigor castigo de forma que por el temor de el los dhos. niños falten o puedan faltar a la asistencia de la dha. escuela y que por este medio se priven de la enseñanza y dirección tan importante y provechosa al servicio de nuestro señor, y que por este termino pierdan y desfallezca la dha. enseñanza por cuyos conocidos perjuicios para la mayor eficacia y permanencia de la obra pia a tener dho. convento obligado a tener un religioso que enseñe las dhas. primeras letras con el mayor amor, blandura y cariño que sea posible para que con este modo (que siempre en este caso considero ser lo mas favorable) pueda atraerle asi para mayor ausilio y fomento de este buen fin para su conservación a tener dho. conbento el mayor desvelo y cuidado en su cumplimiento."



Si, por un lado, los fines marcados tienen una clara influencia del humanismo cristiano, concretamente, de la paideia ignaciana, la descripción del preceptor nos recuerda a la pedagogía humanista de Vives y su idea de maestro que aúna pericia y bondad (en la más pura concepción del rhetor de Cicerón y Quintiliano ) y mediador ( siguiendo las tesis de San Agustín y Santo Tomás ) del Magisterio de Cristo (13). Asimismo también es clara la correlación con la obra de Bartolomé de las Casas “Unico vocationis modo” abordaba la evangelización, y la aculturación occidental de los indígenas americanos mediante la persuasión y el amor. En este sentido, no descartamos que Bravo y Angulo que tuviese contactos con personas dentro del ámbito docente o intelectual (14).

Nuevas muestras del sentido didáctico-pedagógico que nuestro benefactor maneja a la hora de fijar el funcionamiento de la escuela, y que dejan entrever su familiaridad con la función docente, son, entre otras, el que el número de alumnos sea adecuado para que el maestro desarrolle su labor eficazmente ( en el caso de exceder la capacidad del maestro se incluiría un auxiliar separándose las clases de leer y escribir, que se situarían, cada una, en la planta baja y alta de la casa ) o que la escuela disponiese de agua para paliar la sed de los alumnos.

Se vislumbra por todo lo expuesto la preocupación por que la enseñanza se impartiese de la manera más eficaz y, a la vez, más atractiva para el alumno, cuya asistencia se hacia fundamental para alcanzar los objetivos de la obra pía.

La existencia de un órgano inspeccionador de la labor del patrón es otro aspecto de gran importancia estipulado en las cláusulas que muestra, una vez más, el interés por dar entidad y proyección de futuro a esta iniciativa. Esta función se hace recaer en el Provisor del Arzobispado de Sevilla y, como juez subdelegado de éste, al Vicario de la ciudad. Al Provisor se le daba la facultad para poder cesar y nombrar nuevos patronos en el caso del incumplimiento de las condiciones impuestas, así como nuevos maestros (15). Igualmente, se recoge que el Visitador General del Arzobispado revise la escuela como un establecimiento de jurisdicción eclesiástica más. A éste se le pagaría, del caudal del patronato, 100 reales de vellón por cada visita.

La fuerte imprimación de lo religioso en esta fundación se radicaliza en hacer la escuela objeto de jurisdicción eclesiástica. Esto lo debemos entender por la doble vertiente de la misma: por un lado, el hecho de ser una obra piadosa, y como tal estrechamente vinculada al ámbito religioso, y, por otro, a la mentalidad generalizada que entendía la educación como un asunto normalmente ajeno a las responsabilidades de los poderes públicos y, por tanto, abandonada a las iniciativas particulares, ya fuesen éstas de rasgos benéficos-caritativos o de puro interés lucrativo. Esta mentalidad, como hemos señalado, seguirá presente a pesar de que los nuevos aires ilustrados que llegarán a mediados de esta centuria lucharán por desterrar este pensamiento (16).

La escuela finalmente abriría sus puertas el 21 de Marzo de 1731 hallándose matriculados la extremadamente alta cifra de 724 alumnos un mes después (17), demostrando que el pueblo no fue ajeno a su apertura, aunque evidentemente no se atendía a toda la población infantil de esta populosa parroquia de San Miguel.





2. LA ESCUELA DE PRIMERAS LETRAS DEL COLEGIO DE LA COMPAÑÍA

"... atendiendo a nuestro Consejo Real, en el extraordinario que celebran con motivo de las ocurrencias pasadas, a la representación que por algunos de V. , por los pueblos mismos y por algunos principales prelados, se nos han hecho en razón de fomentar la enseñanza de la juventud, particularmente en lo tocante a las primeras letras, latinidad y retórica, que tuvo como en si estancada los citados regulares de la Compañía, de que naciera la decadencia de las letras humanas; porque detendiéndolos poco en la enseñanza, aspiraban a otros estudios empleos y manejos de su Orden, de manera que su ejercicio de la latinidad más bien se encaminaba a perfeccionarse en ella el maestro, que miraba como transitoria esta ocupación, que no a la pública utilidad: lo que produxo la minoración de los estudios de la Compañía y sucederá los mismo a cualquier Orden religiosa, pues jamás podrán competir con maestros seglares, que por su oficio e instituto se dedican a la enseñanza y procuran acreditarse para atraer a los discispulos y mantener con el producto de su trabajo a su familia; considerando también, que en España estuvieron las primeras letras, la gramática y la retórica al cargo de preceptores seglares, que se proveían a oposición en las cabezas de partido, florecio la enseñanza..." (18)

Hemos querido continuar nuestro estudio con este fragmento de la Real Provisión de 5 de Octubre de 1767, en la que se pide a los Cabildos plantear los medios para "reintegrar a los maestros y preceptores seculares en la enseñanza de las primeras letras, gramática y retorica proveyendose estos Magisterios y Cátedras ( vacantes por la expulsión de los jesuitas ) á oposición, y estableciéndose viviendas y casas de pupilage, para maestros y discipulos en los Colegios donde sea conveniente, informado por menos al Consejo ", pues será de primordial importancia para explicar los cambios que, sobre el panorama educativo jerezano y nacional, se sucederán a partir de su publicación.

Como es sabido, el objetivo anhelado por nuestros gobernantes ilustrados era la modernización del pais. En ella, la educación adquiere un papel principal, presentándose como un medio expresado por el tantas veces repetido concepto de Utilidad Pública. Se buscaba, como expresa Moreno González (19), desvincularla del carácter caritativo o benéfico que hasta entonces se asociaba a su promoción para pasar a ser instrumento para el beneficio común del Estado. Se inicia, así, un intento de estatalizar, homogeneizar y secularizar la enseñanza. Medidas, éstas, que, lejos de constituir un corpus conformador de un modelo de sistema educativo, conjugarán una nueva forma de entender la función educativa. Se sembraba, con ello, la semilla para los acontecimientos que dentro del ámbito educativo nacional germinarán durante la siguiente centuria y que, lamentablemente, tardarán muchos años más en dar los frutos deseados. Dentro de estas acciones, la expulsión de los jesuitas, además de marcar el acontecimiento clave de la política regalista carolina, suponía la apertura de un horizonte, en principio, sin obstáculos para la implantación de las reformas educativas ilustradas.

Una vez situados en el contexto en el que nos moveremos, hemos de seguir nuestro estudio de la beneficencia educativa jerezana remontándonos al año 1750 en el que un regular del Colegio de la Compañía de Jesús de nuestra ciudad, Francisco de Sierra (20) , con el deseo de "estrecharme mas con Dios nuestro Señor" y " sabiendo que suele ser no pequeño impedimento para tan altos fines los vienes temporales " , realiza una renuncia " absoluta, libre, espontanea y totalmente voluntaria " de los bienes heredados de sus padres, donándolos a su Colegio. Esta donación se verá condicionada al establecimiento " en dho. collexio de dos escuelas, una de leer y otra de escribir para beneficio del comun de esta ciudad " (21).



2.1 Las razones de la fundación.

Los motivos que Francisco de Sierra expone para su acción benéfica son, como vemos, principalmente personales. No se busca primordialmente, al contrario de la fundación de Ambrosio Magdaleno, realizar un servicio a Dios mediante una obra caritativa "educativa-evangelizadora", sino reafirmar el voto de pobreza desprendiéndose de los bienes "temporales" para destinarlos a la instauración de una obra caritativa materializada en la creación de una escuela de primeras letras. Se deja de lado, asimismo, cualquier intento de dar un cierto renombre a su apellido, como sucede en muchas fundaciones de este tipo y como también se puede apreciar en la de Vecino. Aunque el resultado de ambas fundaciones es el mismo, las motivaciones son, como resaltamos, sensiblemente diferentes.

Tras lo visto, es preciso anotar la evolución con respecto al caso anteriormente tratado. Como vemos, el aspecto religioso aparece relegado a un plano personal. La explicitación en la escritura fundacional del "servicio a Dios" que supondría el centro educativo es inapreciable. Únicamente se resalta el beneficio que supondrá la escuela para el Pueblo (22).



2.2 La puesta en funcionamiento de la escuela.

Presentadas las razones de su donación, Sierra comenzará a enumerar las condiciones reguladoras de su puesta en funcionamiento. Así, las escuelas fundadas se dotarán -siguiendo la práctica habitual - con los réditos de los bienes donados (23) , estableciéndose que de la décima parte de ellos, dos terceras partes se destinen al Colegio y un tercio para el administrador del patronato (24) . Este último, que no podría ser ni el rector ni el procurador del Colegio, sería nombrado por el Padre Provincial de la Orden. La preocupación por que los bienes de su obra benéfica no se desviasen a otros fines y la dedicación exclusiva del administrador son aquí, como vemos, manifiestas al desvincularlo de los mencionados cargos (25).

Sierra no hace mención en el protocolo fundacional a nada acerca del profesorado ni del funcionamiento de las escuelas. Esto debemos entenderlo a que su erección no es ex novo sino que las escuelas fundadas pasan a formar parte de la oferta educativa del Colegio y por tanto a su ratio studiorum o manera de organizar la enseñanza (26).

Una vez aprobada la escritura fundacional por el Prepósito Provincial de la orden jesuita, el 21 de Enero 1751, Francisco de Sierra comenzará, en los años siguientes, la compra de fincas para invertir en ellas el capital donado y mantener con sus réditos al patronato (27). Asimismo, otras de las gestiones llevadas a cabo - y aún visible - fue la abrir un arco en la muralla de la calle Porvera para permitir a los futuros escolares de la parroquia de Santiago acceder a la escuela. El permiso para dicha obra fue concedido por el cabildo de 5 de Noviembre de 1760. En la carta dirigida a nuestro consistorio solicitando el permiso para la citada actuación, el rector de la Compañía argumentaba la necesidad de ésta esgrimiendo la " notoria utilidad al bien público de la pobre juventud falta de intrucción y doctrina" que supondría el nuevo centro escolar (28) . Vemos así nuevamente una conciencia más avanzada en torno a la beneficencia y a los fines de la educación, que deja de lado lo puramente religioso como motor de este tipo de iniciativas para tomar una cierta conciencia de la necesidad de que el pueblo pueda acceder a la instrucción básica y de los beneficios, tanto espirituales como materiales, que ello reporta.



2.3 La expulsión y el proceso secularizador.

Todavía la escuela no había entrado en funcionamiento cuando, el 2 de Abril de 1767, el gabinete de gobierno de Carlos III decreta la expulsión de la Compañía de Jesús de los territorios españoles, enajenándose todos sus bienes.



En el inventario de las pertenencias de los jesuitas expulsos realizado por el Alcalde Mayor Juan Sánchez Tordesillas, juez especial de la comisión para el extrañamiento de la Compañía de nuestra ciudad, se consignará la fundación de Francisco de Sierra. Informado de este hallazgo, el Consejo de Castilla dirigirá una carta, firmada por Pedro Rodríguez Campomanes y fechada el 27 de Agosto, a Sánchez Tordesillas. En ella se solicitaba la reunión del citado comisionado con el Consistorio, los Diputados y Síndicos Personeros del Común con el objeto de proponer medios para el establecimiento de la escuela de la forma " más cómoda y útil", evitando obra nueva y siendo las plazas creadas ocupadas por oposición con maestros seglares. Asistimos, de este modo, al germen de la Real Provisión de 5 de Octubre (29). En este momento comienzan -otra vez- las diligencias para la puesta en marcha de las escuelas de primeras letras, que irán unidas al reestablecimiento de las cátedras de latinidad y retórica dejadas por los jesuitas (30).

La proposición de evitar obra nueva supuso buscar dentro del Colegio e Iglesia de la Compañía el lugar más adecuado para establecer las escuelas y casas para los maestros (31). El reconocimiento efectuado por los capitulares nombrados al efecto, el veinticuatro Felipe de las Nieves Zarzana, el Diputado José de Arteaga y el Síndico Procurador Diego de Orbaneja Jácome, conjuntamente con el Alcalde Mayor, Síndico personero y diputado del Común, dio como resultado la inadecuidad de dichos establecimientos. Tras esto, se pensó que la opción más adecuada sería terminar la obra de la escuela dejada por Sierra. De este modo, en el cabildo del 18 de Septiembre, se remite al Consejo de Castilla dicha decisión. Se pedía una pronta contestación dando su beneplácito, exponiéndose "el gran beneficio que redundara en la puerilidad de esta Ciudad en todo su común de que tanto carece la referida collación de Santiago por su dilatado vecindario ", vecinos que, como se hace referencia en otro lugar, " son pobres de solemnidad y no pueden costear escuela, y por ello se les nota mucho defecto en la Doctrina Christiana, y mucho más en las primeras letras " (32). A pesar de mostrarse aquí una cierta concienciación de nuestras autoridades locales acerca del desamparo educativo de los sectores más desfavorecidos de nuestra ciudad, se está, aún, muy lejos de la mentalidad que considerará una educación básica garantizada para todos los ciudadanos por los poderes públicos. Pero el primer paso para llegar a ella se estaba ya dando.

El coste de la terminación de la obra ascendía a 40.530 reales de vellón. Alta cifra que condujo a desechar esta segunda opción argumentándose, asimismo, que en vez de gastar el caudal en ésta actuación era "mas util y estable proporcionar los efectos para la dotación y rentas de los maestros" . Estas dotaciones estarían proporcionadas por las rentas de la obra pía de Sierra, que suponían unos 105.000 rr. de vellón. Todo esto implicaba acondicionar el Colegio de los jesuitas para la instalación de las clases de latinidad, retórica y primeras letras, así como para las estancias de las familias de los maestros y de los posibles pupilos de fuera de Jerez.



2.3.1 Los munícipes ante la secularización



Antes de seguir el relato de la puesta en funcionamiento de los estudios, hemos de detenernos en la postura de nuestros munícipes ante estas medidas de alto cariz secularizador, pues de éstos dependerá, en última instancia, el éxito de las mismas. (33)

Como advertimos anteriormente, el cabildo jerezano no fue apático a trabajar activamente en el cometido dado por el Consejo de Castilla. No obstante, el hecho de que las cátedras fuesen ocupadas por maestros seglares y que el Colegio e Iglesia de Santa Ana de los Mártires fuese ocupado por éstos no fue bien acogida por todos los capitulares de nuestro Consistorio. Todo esto lo señalamos en relación a la propuesta presentada a cabildo por Pedro de Mendoza y Ponce de León para que los citados estudios fuesen reestablecidos por los Padres del Oratorio de San Felipe Neri (34). Su proposición la avalaba exponiendo las ventajas que, en lo referente al aumento de "Pasto espiritual", el Oratorio había acreditado en otras ciudades y por lo "abundante en su clero de personas exemplares". La traída del Oratorio estaba condicionada a que se hiciese cargo de los estudios extintos, para lo cual disfrutaría de las rentas con las que las ex-cátedras jesuíticas estaban dotadas (unos 700 ducados anuales). Su propuesta la remataba, tornándola con un tono más grave, al amenazar con la desaparición de la festividad de los Santos de Hasta (culto que, como se sabe, radicaba en la Iglesia de Santa Ana) si su proposición no se hacía efectiva.

La propuesta de Pedro de Mendoza fue aprobada por el Diputado del Común, el Procurador Mayor y por el Síndico Personero, por lo que se pasaría a presentarla al Real Consejo para su aceptación definitiva (35). Pero la respuesta del Consejo vendría en forma de la Real Provisión de 5 de Octubre, en la que solicitaba, ya de manera oficial, plantear los medios para reabrir los estudios de los jesuitas con maestros seglares.



2.3.2. La segunda puesta en marcha de la escuela

El 7 de Diciembre el Ayuntamiento nombra a los diputados Felipe de las Nieves Zarzana y al veinticuatro Juan de Mata Zurita para realizar las gestiones oportunas para ejecutar la Real Provisión. Así, el 10 de Enero de 1768, éstos reunirán en el antiguo colegio jesuita al Alcalde Mayor Sánchez Tordesillas, a los diputados del Común y a Francisco Hontoria, Síndico personero, para fijar los medios de provisión de la escuela de primeras letras y de las cátedras de latinidad y retórica. En dicha reunión se acordará, en cuanto al asunto de la financiación, mantener las dotaciones con las que los jesuitas financiaban sus estudios: la veintena del diezmo de grano de las ocho parroquias para los estudios de latinidad y retórica y el dinero y bienes legados por Francisco de Sierra para la escuela. De aquí saldrá la remuneración para los profesores de dichas cátedras: 300 ducados anuales el preceptor de retórica, 200 ducados para el de latinidad, otros 200 para el maestro principal de primeras letras y 50 ducados para el auxiliar (36). Aunque se fijó también unas directrices para examen de oposición, las definitivas serán dadas por Campomanes en carta remitida el 13 de Septiembre de ese mismo año (37). Los aspirantes de primeras letras se examinarían de " todo aquello que contemple necesario para enseñanza y instrucción de la juventud en solidos y sanos principios en que se basa la felicidad de la República".

El acto de oposición estaría presidido, siguiendo las directrices del fiscal del Real Consejo, por el Corregidor, el Alcalde Mayor, el diputado del Común más antiguo, el Síndico Personero, un individuo del ayuntamiento y otro del Clero (un canónigo de la Colegial) y los que anualmente se nombrasen para el cuidado y supervisión de dichos estudios (38). Campomanes, finalmente, planteará la hipotética falta de opositores adecuados. En este caso, se elegirían entre los concurrentes a los más capacitados para ocupar las plazas de forma interina, dejando la puerta abierta a aspirantes futuros más capacitados y supliendo " por ahora las necesidades , pues en lo sucesivo el premio producirá sujetos de todas cualidades para este magisterio, mayormente estando ya removidas las Causas, que hasta aquí impedían con tanto perjuicio del pueblo." Con estas palabras, que son un buen ejemplo de la política educativa carlostercista, Campomanes resalta su optimismo hacia todas estas medidas, surgidas a raíz de la expulsión de la Compañía, como instrumentos fundamentales para alcanzar las expectativas dadas por nuestros gobernantes ilustrados a la Educación.

El tribunal conjuntamente con los examinadores nombrados al efecto se reunirán el Domingo 26 de Febrero de 1769 en las casas consistoriales para dar comienzo al proceso opositor. Al examen de primeras letras concurren seis aspirantes, de los que resultará ganador del mismo, según el informe dado por los examinadores, Antonio Iñiguez de Albornoz, por ser "el mas havil y capaz tanto en lo teorico como en lo practico, tanto en la doctrina cristiana como en las reglas de la aritmetica y ortografia " . En este dictamen no faltó la polémica pues el tribunal, contradiciendo "el espiritu" de la Real Provisión -tal y como dice el Alcalde Mayor y Comisionado, José de García de León y Pizarro, al informar del asunto al Real Consejo-, desechará la opinión de los examinadores para proclamar unánimemente a Miguel Palomino, que pasaba, de este modo, a regentar de manera interina la escuela (abierta, con más de 200 alumnos matriculados, el 5 de Abril) (39) hasta que el 16 de Octubre el Real Consejo de Castilla, en coherencia con sus directrices, proclamase vencedor de los autos de oposición a Iñiguez de Albornoz.

Finalmente, y diecinueve años después de que Francisco de Sierra instituyese su fundación, la escuela de primeras letras del antiguo Colegio de la Compañía abriría, definitivamente, sus puertas el 10 de Diciembre de 1769 (40). Consumándose el paso de una educación objeto de obra caritativa particular a objeto de Utilidad para el Bien del Estado y por ello administrada por entidades públicas.



3. EL HOSPICIO-ESCUELA DE LA CARTUJA



En 1790, el secretario de Carlos IV, conciliario de la Real Academia de San Fernando, miembro de la de Historia y de las Reales Sociedades Económicas Vascongadas y Matritense, Antonio Ponz, visita nuestra ciudad. Los aconteceres de su estancia jerezana quedarían plasmados en su famoso "Viage de España", libro que recoge las "cosas dignas de saberse" de distintos lugares de nuestro país bajo la óptica ilustrada de su autor.

A la hora de tratar el principal monumento jerezano, la Cartuja, no pasaría por alto, conociendo sus intereses, una iniciativa de claro sello ilustrado que los padres cartujos llevaban a cabo en su señero monasterio y que viene a mostrar una nueva forma de entender la acción caritativa o benéfica; hablamos de su hospicio-escuela. En estos términos se refería al mismo:

"Encima de las habitaciones de la Hospedería que corresponde al primer patio, fuera de la clausura ha hecho esta comunidad un establecimiento que merece muchas alabanzas, y es que en lugar de la limosna que se daba en la puerta á ociosos pordioderos, mantiene a treinta niños de Xeréz y sus contornos, enseñándoles un buen maestro secular asalariado el Catecismo, á leer, escribir y contar por término de cinco años. Es gusto ver el aseo y la limpieza con que los mantienen de todo lo necesario, así en sus vestidos uniformes, como en las camas y los demás; y sobre todo en la alegría de los niños, á los quales también se les dan algunas lecciones de agricultura por principios.

Esto sí que es un método de hacer limosnas útiles, alimentar el cuerpo y el espíritu en los más tiernos años de la edad, para hacer buenos Ciudadanos á los que por la infelicidad de sus padres, y falta de crianza dexarian tal vez de serlos" (41)

Los elementos que resaltan la idea de que el hospicio-escuela cartujano podría tenerse como una de tantas iniciativas fomentadas por el movimiento ilustrado, y que muestran una nueva forma de entender la labor caritativa, son, como comprobamos, más que evidentes. Ocupémonos de ellos.

El primero de estos elementos sería la idea misma de Hospicio, o sea, un establecimiento por el que se canaliza la caridad mediante el recogimiento de la infancia indigente con el fin de regenerarlos para la sociedad. Idea antigua ésta de Hospicio o Casa de Misericordia, pero que el gobierno carlostercista fomentará como instrumento eficaz para "hacer buenos Ciudadanos" que contribuyesen a la prosperidad del país (recordemos que unos de los destinos que tuvieron las Casas de los jesuitas tras la expulsión fue el de albergue de Casas de Misericordia u Hospicios a objeto de beneficencia pública).

Esta preocupación por que los ciudadanos trabajasen activamente en pro del auge económico nacional chocaba frontalmente con ciertos sectores sociales que, al calor de obras caritativas, ejercían una actitud de "relajamiento productivo", engrosando la lista de "ociosos", "vagos", "pícaros" y demás integrantes de este submundo marginal.

Posiblemente sea la Real Cédula de 12 de Julio de 1781 una de las medidas gubernamentales del reinado de Carlos III que muestre más a las claras la animadversión de este gobierno hacia esta actitud "ociosa". En relación con nuestro estudio, la misma fomentará que se proporcione un destino útil a aquellos niños desatendidos por sus padres, evitando, con ello, la caída de éstos en una vida de mendicidad o vagancia, que tanto perjuicio ocasionaba, para las mentes ilustradas, a la "pública felicidad". En esta misma línea, Pedro Rodríguez Campomanes, en la carta-circular del 18 de Noviembre de 1774, dada para motivar entre los municipios españoles la creación de Sociedades Económicas de Amigos del País que se ocupasen de capacitar técnicamente al Pueblo en distintas industrias útiles para la Nación, exponía lo siguiente: "Los pobres son los primeros que han de mantenerse en esta industria [...] no se les ha de permitir que se abandonen y entreguen a la viciosa libertad, y miserable oficio de pedir limosna, y que defrauden tal vez con malas artes, a los pobres impedidos los socorros que necesitan, y les destina la caridad de los fieles"

Ponz nos dice que el hospicio se mantenía con una dotación que, hasta entonces, era destinada a sostener una de tantas limosnas que propiciaban la aparición de estos "ociosos pordioseros". Es de sobra conocida la labor caritativa del monasterio cartujano, financiadas con las rentas de diversos patronatos fundados por bienhechores particulares. En efecto, como resultó de los informes dados al ayuntamiento el 27 de Enero de 1842 por la Junta de Beneficencia Jerezana, la escuela u hospicio de la Cartuja se financiaba con las rentas del patronato fundado en este monasterio por Diego de Rivadeneira (42).

Pero, ¿cuáles fueron los motivos que indujeron a los padres cartujos a establecer este hospicio a través de las rentas del citado patronato?. Las indagaciones que hemos realizado hasta el momento para tratar de dar respuesta a esta pregunta han sido fallidas. A pesar de esto, creemos interesante plasmar unas líneas, con los pocos datos positivos que al respecto tenemos, que, a nuestro entender, podrán arrojar algo de luz sobre este asunto.

Dentro de nuestra argumentación tendrá una especial relevancia la figura del prior de la Cartuja en estos años, Antonio Moreno, pues durante su priorato parece que debió entrar en funcionamiento el hospicio. Fray Antonio Moreno ocupará el cargo de prior desde finales de la década de 1760 hasta 1789, compaginándolo con el de Visitador de su orden en las provincias de Castilla. Participó en la segregación de las cartujas españolas de la matriz de Grenoble en 1784, lo que, unido a su más que demostradas dotes, le valió ser nombrado el primer General de la congregación cartujana en España en Agosto de 1789 (43).

Ponz, que se preciaba de ser amigo de nuestro prior, nos aporta unas pinceladas sobre la faceta intelectual de Moreno, destapando su erudición sobre temas arqueológicos y artísticos (45).

Los breves datos expuestos sobre la figura del prior Moreno dejan clara su pertenencia a una élite cultural muy relacionada con el movimiento ilustrado, de la que existen ejemplos notables dentro del alto clero jerezano de este siglo. Pero, en lo que se refiere a nuestro estudio, su abrazo a las ideas benéficas-educativas ilustradas, que dejarán su huella en la creación del establecimiento docente cartujano, se nos hará más visible si tenemos en cuenta el protectorado perpetuo del hospicio fundado por Messa Xinete al que nuestro prior, y con él el monasterio, se obligó voluntariamente en 1771 (45). Este protectorado tuvo que ser un puntal considerable para mantener una institución, que a pesar del patronazgo ejercido por la Ciudad, no siempre tenía la solvencia económica deseada (46).

Desconocemos las relaciones personales, aparte de lo mencionado, entre Francisco de Messa Xinete y Antonio Moreno, pero las relaciones entre el hospicio de la calle Armas y el monasterio cartujano son conocidas. La Cartuja fue unos de los compradores de los paños salidos de los telares con los que el canónigo de la Colegial trataba de dar a las niñas recogidas una capacitación laboral, además encontrar un sustento económico para el centro benéfico.

Estas relaciones que hemos expuesto entre ambas entidades pudieron influir en la idea de constituir un hospicio de similares características en el monasterio de Ntra. Sra. de la Defensión, pero atendiendo, en este caso, a la población infantil masculina. De este modo, el prior cartujano, como patrón perpetuo del patronato de Diego de Rivadeneyra, y con la potestad para poder disponer del destino de las diversas rentas que se imponían al mismo (47), podría destinar el caudal de dicha obra pía en dotar otra de fines, como estamos viendo, más cercanos a la beneficencia fomentada por las tesis ilustradas.





En cuanto a la fecha de su fundación, el único dato objetivo al respecto nos lo ofrece el censo de Floridablanca (1787), el cual nos muestra la existencia de veinte niños, de los que no consta la edad, albergados en el monasterio en ese año (48). Es, por tanto, la noticia más temprana acerca de la existencia del hospicio y pensamos, según podemos deducir del tan recurrido pasaje del Viage, que no se debe remontar muchos años atrás en el tiempo. (Nuevos datos que hemos hallados posteriormente a este artículo confirman que Moreno fue el promotor de esta obra y la fecha de fundación que aquí propusimos)

Dejando, hasta mejor ocasión, el asunto de la creación de la escuela, hemos de remitirnos nuevamente al texto de Ponz, ya que a partir de él podremos describir con claridad, aunque de forma muy esquemática, su organización, dándonos nuevos argumentos a favor del carácter ilustrado de la misma. En pocas palabras: se atiende a treinta niños internos durante cinco años, dándoles, por parte de un "buen maestro secular asalariado", los rudimentos básicos de la enseñanza y algunas nociones de agricultura.

Lo primero que llama la atención es que, a pesar de ser promovida por una entidad religiosa, el maestro no pertenece a este ámbito. Se muestra con ello el interés, totalmente identificable al pensamiento educativo ilustrado, de anteponer la pericia de quien ha de formar a los futuros ciudadanos a cualquier otro aspecto a la hora de su elección.

Pero, quizás sea con la aparición de enseñanzas relacionadas con la Agricultura dentro del currículo del hospicio-escuela cartujano cuando este pensamiento ilustrado se hace totalmente explícito. Campomanes en su "Discurso sobre la educación popular de los artesanos y su fomento" califica a la agricultura como el más provechoso de los oficios (49). El interés por hacer un país fuerte industrialmente pasaba por promover, mediante una "educación popular ", enseñanzas técnicas que mejorasen el rendimiento de las distintas industrias. La importancia dada a la Agricultura dentro de éstas radicaba, siguiendo a Capitán Díaz, en dos aspectos, básicamente: la despoblación del campo español, por un lado, y el aumento de la población española -centrada en núcleos urbanos y en zonas periféricas del país- que demandaba una mayor cantidad de productos, por otro (50) .

La labor de promoción de estas enseñanzas técnicas industriales vendrá de la mano las Sociedades Económicas de Amigos del País. La "educación informal", como la define De Puelles (51), impartida por estas Sociedades, supondrá una nueva forma de entender la caridad, dejando paso al concepto ilustrado de beneficencia en el que la Utilidad para el Bien Público será su principal detonante. Siguiendo estos postulados, la Sociedad Económica Jerezana establecerá en 1786, a instancias del Marqués de Villapanés, miembro fundador de la misma, una serie de telares en las salas bajas su palacio, tanto para mujeres y hombres como para niños y niñas, a los cuales también se les instruía en la enseñanza primaria (52).

Para finalizar hemos de conocer que resultado pudo dar este establecimiento docente. Como se advierte su incidencia no tuvo que ser demasiado relevante dentro del panorama educativo local pues, como señalamos, sólo se atendía a lo sumo a treinta niños, posiblemente por razones de falta de espacio. No obstante, parece que esta baja ratio de escolares se veía compensada con una educación de calidad y con el apoyo económico a los estudiantes que querían realizar estudios más avanzados. Así nos lo hace saber Muñoz y Espinosa: "Esta escuela dio algunos religiosos al monasterio, muchos alumnos estudiaron a costa del mismo carreras especiales, ocupando algunos puestos distinguidos recordando al Pbro. D. Juan Navarro, beneficiado de la Iglesia de San Miguel y más tarde de la Iglesia Colegial" (53).

El 30 de Enero de 1810 la congregación que habitaba el cenobio cartujano tenía que exiliarse en Cádiz ante la inminente llegada del ejército francés. Se iniciaba unos de los episodios más lamentables dentro de la historia cultural jerezana, no sólo por los grandes daños y saqueos al que, por uno y otro bando, fue objeto el monasterio de la ribera del Guadalete, sino porque supondría también el ocaso de la loable labor educativa desarrollada en el mismo.



4. CONCLUSIONES



Aunque nuestro estudio está muy limitado por la propia escasez de fundaciones docentes, debemos, llegados a este punto, desgranar del mismo una serie de conclusiones que, de manera sintética, nos dé algunas claves sobre la "beneficencia educativa" jerezana durante el setecientos:

1) Las acciones benéficas están destinadas únicamente a la creación de escuelas de primeras letras, fundación ésta que alcanzará un gran auge en este siglo XVIII en el ámbito de influencia de la bahía gaditana (54).

2) Los benefactores son religiosos o, como en el caso de Ambrosio Magdaleno Vecino, muy relacionados con este estamento y con un estatus social-económico alto (55) .

3) Las fundaciones se dan fuera de disposiciones testamentarias (fundación inter-vivos). Se alejan, por ello, de una caridad "al uso". Este tipo de fundación, como afirma De la Pascua, es la que más entidad y perpetuidad da a la obra caritativa (56), como demuestran el hospicio de Messa Xinete o el beaterio de María Antonia de Jesús Tirado, establecidos mediante este mecanismo, o la misma escuela de Vecino. En este sentido, la implicación del benefactor en su propia obra piadosa es mayor que en otras fundaciones de fines más corrientes.

4) De lo anterior se demuestra una gran concienciación sobre las consecuencias negativas que en el plano educativo acarrea la pobreza. Esto se constata en el mismo hecho de que la fundación de escuelas de primeras letras sea la que más acorde esté con esa mentalidad.

5) A pesar de esta concienciación, las finalidades y las formas de llevarse a cabo la instauración del centro benéfico docente estarán claramente mediatizadas por la personalidad y los intereses del benefactor.

6) La asistencia educativa a los sectores más pauperizados mediante estas acciones benéficas van a ir alejándose, si nos atenemos al orden cronológico de fundación de cada una de ellas, de la llamada "caridad estamental" (Acción caracterizada por el "servicio a Dios" como instrumento para obtener méritos para la salvación del propio alma), para ir acercándose al pragmatismo ilustrado, que atenderá por encima de todo la consecución, a través de este tipo de beneficencia, de la "pública felicidad".





Como hemos visto, esta escasa pero variada acción benéfica educativa, básicamente de iniciativa particular, vendrá a paliar las consecuencias del abandono que la educación primaria había sufrido durante los siglos anteriores en nuestra ciudad. Por ello, hasta que nuestro consistorio, como símbolo de una nueva y naciente mentalidad acerca de los fines de la Educación, se ocupe de poner en funcionamiento y admistrar la escuela de primeras letras fundada por el jesuita Sierra, estas acciones supondrán un rescoldo considerable que evitará que se apague la llama de la Cultura entre los jerezanos de este siglo XVIII.

















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(1) Existen numerosos ejemplos de iniciativas individuales (Juana de Dios Lacoste, Pedro Domecq Lustán, Carmen Benítez, Antonio Soto Flores...) y de asociaciones que mantenían, a través de la beneficencia, no pocas escuelas particulares. Citamos así a la "Congregación de vecinos Sociedad Católica" dirigida por Rafael Rivero de la Tixera, la "Sociedad de amigos de los niños pobres", la "Sociedad de señoras Sta. Teresa de Jesús", la empresa bodegera "González Byass" o la "Sociedad Cristiana Evangélica de Escocia". En 1875 estas entidades sostenían, en total, 1009 educandos, frente a los 2000 de las escuelas públicas (Archivo Municipal de Jerez de la Frontera [AMJF] Archivo Histórico Reservado [AHR], Memoranda 5ª., pto. 10, Beneficencia General ). Igualmente, hay que señalar que muchas de estas entidades eran empresas que sostenían la educación de los hijos de sus trabajadores e, incluso, la de éstos últimos; así podemos citar la escuela de la Azucarera Jerezana "El Portal" (AMJF. Documentos de Cabildo y Alcaldía, Protocolo 512, año 1926), la ya citada de "González Byass", las de Domecq (AMJF Legajo 1146 expediente 24431) o la que el gremio de toneleros sostenía a principios del XX en la C./ Escuela. (Legajo 486, expedientes 11955-11964). Con estos datos podemos comprender que en 1910, de los 5604 de los niños/as escolarizados, el 65,38% lo hagan en establecimientos privados a falta de colegios estatales o municipales; de éstos (sin incluir plazas gratuitas en colegios de pago) el 64,3% (2355) la recibían gratuitamente. (Fuente de elaboración: AMJF, Legajo 486, expedientes 11955-11964).



Sobre este tipo de beneficencia en el medio rural durante la primera mitad del siglo XX, ya tuvimos ocasión de aportar unas notas acerca de escuelas de particulares y de las promovidas por la Unión Católica de Enseñanza Rural (Moreno Arana, J. A. "La Educación Primaria en Jerez (1900-1946): las escuelas rurales " Revista de Historia de Jerez, nº 8, 2002, Jerez. págs. 173-188).



(2) Sobre la figura de Ambrosio Magdaleno conocemos, a través de su último testamento, dado días antes de su muerte, que estaba viudo y que tenía dos hijas. Era propietario de varias fincas que dedicaba a la ganadería y a la agricultura, las cuales le proporcionaban pingües beneficios. (Archivo de Protocolos Notariales de Jerez de la Frontera [APNJF]. Oficio IV, Escribanía de Tomás de Santiago, año 1737, 24 de Enero, fº 24)



El pleito, del cual hablaremos más adelante, que el Cabildo Colegial mantuvo con nuestro benefactor sobre la herencia de su hermano Juan, no lo dejó bien parado. En él se ponía en duda sus capacidades intelectuales y su solvencia económica, que provocó que su hermano tuviese que socorrerle en numerosas ocasiones ( Repetto Betes, J.L. "La obra de la Colegial de Jerez de la Frontera" Cádiz 1978, p. 208) . Estas opiniones las debemos acoger con la debida cautela que requiere los asuntos de declaraciones judiciales, y más teniendo presente los datos que sobre la vida de Ambrosio exponemos.



Ambrosio Magdaleno morirá el 23 de Febrero de 1737, siendo enterrado con gran fasto en el convento de San Francisco. (Archivo Histórico Diocesano de Jerez de la Frontera. Libro de defunciones, Libro 13, folio 182 vto.)



(3) APNJF. Oficio I. Escribanía de Nicolás de Molina Sierra, año 1730, 10 de Agosto. fº. 144



(4) Aunque se supone la existencia de "amigas" (especie de guarderías) o que algún convento impartiesen piadosamente la educación básica, lo cierto es que, por los datos que poseemos, ésta es la única escuela gratuita, propiamente dicha, existente en nuestra ciudad a la hora de su creación. Posteriormente, en 1749, Francisco de Messa Xinete creará el hospicio y amiga general de niñas pobres.



En 1752, el número de maestros de primeras letras estaba fijado en trece, que embolsaban por sus servicios alrededor de los 1.000 reales anualmente cada uno. (Catastro de Ensenada. Respuestas Generales. fº. 1034. en "Colección de monografías nº 2" Revista de Historia de Jerez. nº 8, 2002. p. 36 )



(5) En la pregunta 36 ª del Catastro de Ensenada (Respuestas Generales) se pregunta el número de pobres de solemnidad acoge la población, respondiéndose: " que el número de Pobres de solemnidad es crecido y no puede manifestar los que sean". (Ibídem. p.45)



(6) Sobre las actitudes caritativas o de asistencial social en el dieciocho jerezano nos remitimos a Pascua Sánchez, M.J. "Pobreza y asistencia social en el Jerez del siglo XVIII" en Actas de las IV Jornadas de Historia de Jerez. B.U.C. 1992, Jerez.



(7) La institución que en nuestra ciudad respondía a estos fines se extinguiría a mediados del siglo XVII tras casi un siglo de penurias económicas.



Se trataba de los niños de la Doctrina cristiana, cuya fundación y evolución fue estudiada por el docto historiador portuense Hipólito Sancho de Sopranis en "Establecimientos docentes en Jerez en el siglo XVI". Publicaciones del C.E.H.J., Segunda serie, nº 7, Jerez 1958, pp. 54-95



(8) El testamento de Juan Magdaleno Bravo y Angulo nombraba a su hermano heredero universal de todos sus bienes, con la condición que los bienes muebles que quedasen a la muerte de éste fuesen destinados a la obra de la Colegial. Al enterarse el Cabildo Colegial que Ambrosio estaba utilizando este caudal para la fundación de la escuela le puso pleito por el uso indebido, a entender del Cabildo, de la herencia (Repetto Betes, J.L. opus cit. p. 208). Este episodio culminaría con el dictamen de la Real Chancillería de Granada dado por Real Provisión 13 de Mayo de 1734 en la que se eximía a Ambrosio de esta cláusula del testamento de su hermano. (APNJF. Oficio XI. Escribanía de Fco. Álvarez, año 1725 fº. 161 vto. [Notas en margen])



(9) Aunque en un principio consideramos que la denominación "de Vecino" dada a la escuela provenía del hecho de la vecindad de Ambrosio de esta misma calle, encontramos una escritura notarial en la cual nuestro fundador es nombrado por su hija Sebastiana como Ambrosio Vecino Magdaleno Bravo y Angulo (APNJF. Oficio XI. Escribanía de Alonso Carrión, año 1752, 6 de marzo, fº. 112). Esto nos da a entender que Ambrosio era conocido por el apellido Vecino y de ahí vendría la denominación dada a su escuela. El libre uso de los distintos apellidos familiares, que más de un quebradero de cabeza ha dado a distintos investigadores, era normal en esta época.



(10) Este es un hecho que se repite en la mayoría de las fundaciones y muestra el interés del donante por la pervivencia de su legado. Encontramos casos parecidos en Pascua Sánchez, M. J. "Las fundaciones docentes en la España del siglo XVIII a través de los protocolos notariales gaditanos" en revista "Gades" nº 18. 1989. Cádiz. p. 118 y ss.



(11) Su hermano, como sabemos, era canónigo, su hija Micaela era monja en el convento de Santa María de Gracia, y su sobrino era monje hospitalario. Asimismo hemos de tener en cuenta que en su último testamento dejará gran parte de su herencia al convento de San Francisco de nuestra ciudad, dentro del cual tenía enterramiento propio en la capilla de la Encarnación.



(12) APNJF. Oficio I. Escribanía de Nicolás de Molina Sierra, año 1730, fº. 196 y ss.



(13) Sobre el humanismo cristiano en la pedagogía jesuítica nos remitimos a Capitán Díaz, A. "Historia de la Educación en España" Vol. 1. 1991. Madrid. pp. 332-362. La idea del preceptor de J. L. Vives en ibid. p. 213.



(14) Hemos de citar la relación de Ambrosio Magdaleno con distintos canónigos del Cabildo Colegial (Martín de Morales, el Doctor en Teología Alonso Moreno Tamajón) o a su familiar, Fernado Felix Terán Bravo y Angulo, abogado de los Reales Consejos, que formaban parte de la élite cultural del Jerez del momento. Estas relaciones en: APNJF. Oficio XI. Escrib. de Fco. Álvarez, año 1725, fº.161; APNJF. Oficio XI. Escrib. de Alonso Carrión, año 1752, fº. 112. y Repetto Betes, op. cit. p. 208.



(15) Los patronos que se harían cargo de la escuela, en el caso que el anterior incumpliese las cláusulas, eran por este orden: el Colegio y Padre rector de la Compañía de Jesús, el Convento de Sto. Domingo, el Convento del Carmen, el Convento de San Agustín, el Convento de la Merced Calzada y el Colegio de la Victoria.



(16) No ocurría lo mismo en otros casos en lo que el fundador hacía recaer el patronazgo en autoridades civiles, como era el del Hospicio de Messa Xinete, en el que la Ciudad se constituyó como uno de sus patrones y el Procurador Mayor uno de sus seis directores. ( "Francisco de Messa Xinete. su autobiografía y su hospicio de niñas pobres" introducción, notas y selección de textos por José Luis Repetto Betes. 1978. Jerez. p. 78



(17) AMJF. AHR. Memoranda 4ª. Ver también AMJF. Expediente 12437. La escuela desapareció tras la exclaustración iniciada en Agosto de 1835 y la posterior desamortización de los bienes del convento (AMJF. AHR. Memoranda 4ª), siendo las rentas del patronato destinadas al presupuesto municipal de Instrucción pública. (AMJF. AHR. Memoranda 5ª, punto 10. Beneficencia general. También: Memoranda 6ª, punto 4)



(18) Ejemplar en AMJF. Legajo 347, expediente 10210



(19) Moreno González, M. "Progreso, secularización e instrucción pública" . Revista de Occidente, nº 82. 1988 pp. 5-27, citado por Iglesias, Mª. "Educación y pensamiento ilustrado" en Actas del Congreso Internacional "Carlos III y la Ilustración" Vol. II. 1989 Madrid.



(20) Francisco de Sierra era natural de Jerez. En el momento de la expulsión tenía 48 años y llevaba 34 de religioso. Desempeñaba el cargo de prefecto de una congregación y era profeso del cuarto voto. (AMJF. Legajo 111, expediente 3453, fº. 2)



(21) APNJF. Oficio V. Escribanía de Juan Ponciano de Argüello, año 1750, 20 de Noviembre, fº. 630-636



(22) Afirma que la escuela dará "lustre y mucho beneficio a la republica", opinión compartida por el Prepósito Provincial de la Orden, Martín García, al dar su visto bueno al patronato. (APNJF. Oficio V. Escribanía de Juan Ponciano de Argüello, año 1750, 20 de Noviembre, fº. 635)



(23) A éstos se le agregarán, posteriormente, otros pertenecientes a su tío Álvaro de Sierra. (AMJF. Legajo 111, expediente 3454, fº. 14 )



(24) La administración del patronato recaerá en el propio Sierra por ser administrador vitalicio de sus bienes -como se hace constar en el protocolo fundacional del patronato-, cargo que compaginará con el de procurador del convento. Así, lo encontramos en distintas escrituras notariales: APNJF. Oficio V. Escribanía de Cristóbal González, Año 1756, fº. 326; Ibídem. Año 1758, 8 Abril.; APNJF. Oficio IX, Escribanía de Alonso Romero Carrión, año 1764, 15 de Noviembre, fº. 875.



(25) Era común gratificar al patrono o administrador -que normalmente pertenecía al estamento eclesiástico- con la décima parte de las rentas de la fundación, fuese ésta del tipo que fuese. (Pascua Sánchez [1992], p. 40 ).



(26) Recordamos que las cátedras de Filosofía y Teología Moral del Colegio de la Compañía son frutos, igualmente, de donaciones privadas. Sobre estas fundaciones: Sancho de Sopranis, H. & De la Lastra, J. "Hª. de Jerez de la Frontera desde su incorporación a los dominios cristianos" Tomo III. Cap. XIII. (separata). p. 8-9



(27) Los inmuebles que formarán parte del caudal de la obra pía de Sierra se situarán en las calles Ponce, Porvera y Cerfate, además de un solar donde se levantaría la escuela situado lindante "por un lado con paredes del Collexio de las Monjas Victorias, por otro con la callejuela que nombran de Cerfate y con bodega de los herederos de Juan Ponciano de Argüello, por otro con casa de la obra pia de escuela y murallas que cae a la Polvera y en otro la calleja que sale asia la puerta de San Marcos y veaterio de la Concepción", (APNJF. Oficio XII, Escribanía de Felipe Rodríguez, año 1778, 24 de Junio, fº. 220). Estas fincas, exceptuando la de la calle Ponce, serán subastadas por la Junta Municipal para la administración de las temporalidades de los jesuitas el 22 de Septiembre de 1776 y compradas por 41216 rrv. y 25 mrs. por Sebastián de Rueda en nombre de la Iglesia Metropolitana y Patriarcal de Sevilla, constituyendo lo que posteriormente sería el edificio de los diezmos. (Ibídem. fº.35)



(28) AMJF. Actas Capitulares, año 1760, Anexo documental, fº. 460.



(29) AMJF. Actas Capitulares, año 1767. Cabildo 4 de Septiembre. fº 175.



(30) Los jesuitas se establecieron formalmente en nuestra ciudad en 1574 (Muñoz y Gómez, A. "Noticia histórica de las calles y las plazas de Xerez de la Frontera" Jerez, 1903, p. 34). Las cátedras de latinidad de los jesuitas provienen de las que el Cabildo eclesiástico mantenía a finales del XVI con la veintena de los diezmos de grano de las ocho parroquias. En 1586 por iniciativa del Arzobispo Rodrigo de Castro, y siguiéndose disposiciones tridentinas, son anexionadas al Colegio de la Compañía. En siglo XVII se establecen los estudios de Artes (Filosofía) y de Teología moral, dotados por la renta de 240 ducados anuales donados en 1663 por Antonia Bohórquez Angulo (Memoranda 4ª, fº 53.; Sancho, H.- De la Lastra, J., op. cit., p. 7-9 y Sancho, H., op. cit., nº8 ). También conocemos la fundación, en 1638, de Francisco Caballeros Olivos de una cátedra de Artes (Muñoz y Gómez, A. opus cit., p. 378), aunque por ahora desconocemos el alcance de la misma, pues en 1767 sólo se impartía los estudios citados.

Desde la expulsión hasta el reestablecimiento de las cátedras, éstas serán impartidas por preceptores interinos para que la enseñanza de estos estudios no fuese perjudicada. (AMJF. Legajo 347, expediente 10211 y 10224)



(31) AMJF. Legajo 347, expediente 10210



(32) AMJF. Actas Capitulares, cabildo 18 de septiembre, fº. 190 vto. y AMJF. Leg. 347 exp. 10211



(33) Citamos el caso del Puerto de Santa María, en el que la desidia municipal dio al traste con diversas iniciativas fomentadas por las distintas medidas reformistas del gobierno de Madrid. En este sentido, las consecuencias negativas que en el plano educativo portuense conllevó la expulsión de los jesuitas locales fueron debidas a esta apatía. (González Beltrán, J.M. "Educación y beneficencia en el Puerto de Santa María en tiempos de Carlos III ", en revista "Gades", nº 19. 1991. Cádiz, p.120 y ss.)



(34) AMJF. Actas Capitulares. Año 1767, Cabildo 18 de Septiembre. fº. 191



(35) AMJF. Actas Capitulares. Año 1767, Cabildo 18 de Septiembre. fº. 191. El asunto de los Santos de Hasta parece que quedaría zanjado con el traslado de éstos a la Iglesia de San Dionisio (Ibídem. Cabildo de 3 Noviembre).



(36) AMJF. Legajo 347, expediente 10210. Estas asignaciones fueron aumentadas en 1770 con los 240 ducados con que estaban dotados los estudios de Filosofía y de Teología moral de los jesuitas (que no se impartían por no asistir alumnos a ellos), argumentándose que dichos estudios sólo podían darse en las capitales de diócesis, seminarios conciliares o universidades. Con esto, los sueldos quedaron en 350 y 270 ducados para los preceptores de retórica y latinidad, respectivamente, y 250 ducados para el maestro y 120 su auxiliar; este último puesto, que quedó vacante hasta 1771 por no haberse presentado, por la poca dotación inicialmente asignada, ningún opositor para acceder la mismo (AMJF. Legajo 347, exp. 10211).



(37) Todo lo que sigue en AMJF. Legajo 347, expediente 10211.



(38) Es un adelanto de las Juntas Municipales, creadas oficialmente por la Real Cédula 27 de Marzo de 1769, que atenderán los asuntos referentes a la administración y subasta de los bienes requisados a la Compañía.



(39) AMJF Legajo 347, expediente 10222. Como curiosidad citamos que las pautas o reglas para la escritura, parte del mobiliario de la escuela, fueron ejecutadas en madera de cedro por el taller del artista jerezano Andrés Benítez (Ibídem.).



(40) Esta escuela sufrirá entre 1794 y 1808 varios traslados de ubicación al ser destinado el ex-Colegio de la Compañía a albergue de tropas y cárcel para prisioneros franceses de la Batalla de Bailén. En 1843 pasó a casas del Cabildo en la c./ Letrados , tomando el nombre de "Consistorio", el cual conservó hasta que en 1857 sería rebautizada con el de "San Dionisio" (AMJF. AHR. Memoranda 4ª. fº 64 Vto. Portillo, J. "Concisos

Recuerdos de Jerez de la Frontera. Año 1847" Jerez 1991, p.25 ). Será la escuela unitaria nº 1, que hasta bien entrado el siglo XX se situará en la calle Caballeros nº 24.



(41) Ponz, A. " Viage de España " Tomo XVII, Madrid 1972 ( Edición Facsímile ), Carta sexta, p. 281



(42) AMJF. AHR. Memoranda 4ª. fº. 52 . El patronato de Diego de Rivadeneyra estaba fundado sobre unas casas en la calle Chapinería que pagaban como renta diaria catorce reales y catorce maravedíes (AMJF, AHR, Catastro de Ensenada, Cajón 18, Nº. 24, fª 3490 vto.). En 1835, con motivo de la desamortización del monasterio, las rentas del patronato, que en ese año había supuesto 2.654 reales con 17 maravedíes, fueron adjudicadas por el Estado al Hospicio de Sevilla, con la consiguiente queja de la Junta de Beneficencia jerezana ( AMJF, expediente 12437).



(43) Portillo, J. "Cartas escritas... a D. Bruno Pérez" Jerez. 1926 p. 97-98



(44) Ponz, A. opus cit. p.291-292



(45) Portillo, J. "Concisos Recuerdos de Jerez de la Frontera. Año 1847" Jerez 1991 . p 34



(46) Tal es así que el hospicio de "Ntra. Sra. de Consolación" conservó durante toda su existencia un retrato de nuestro prior en el que se podía leer : "Desde la fundación de este hospicio de niñas huérfanas es su particular protector el Monasterio de la Cartuja de Jerez de la Frontera". (Portillo, J. "Cartas a ... " opus. cit. p.97-98)



(47) Así se nos hace saber en una imposición de un censo de 15 ducados a este patronato en 1770. (APNJF. Oficio V, Escribanía de Cristóbal González, año 1770, 28 de Abril, fº. 271)



(48) AMJF. Estadística. Censo de Floridablanca (1787), Parroquia de San Miguel. Estado General de Religiosos.



(49) Campomanes, Conde de (Pedro Rodríguez) "Discurso sobre la educación popular de los artesanos y su fomento" . Madrid, 1975, p. 357



(50) Capitán Díaz, A. , op. cit., p.781.



(51) De Puelles, M. "Educación e Ideología en la España Contemporánea". Madrid, 1998, p. 47



(52) Manuscrito Riquelme. fº. 22, en Ruiz Lagos, M. "Tareas de la Sociedad Económica de Amigos del Pais de Jerez de la Frontera. (1833-1860)" Jerez 1974, p.89. Antonio Ponz también nos habla de estas "Escuelas Patrióticas" y de la figura de su ilustrado promotor (Ponz, A., opus. cit., p. 270-271)



(53) Biblioteca Municipal de Jerez de la Frontera. Sección manuscritos. Ms. 85 : " La Cartuja Jerezana: apuntes históricos del venerable Monasterio de Ntra. Señora de la Defensión, situado en el termino de la M.N. y M. L. Ciudad de Jerez de la Frontera, diócesis de Sevilla. / Miguel Muñoz y Espinosa. 1889.



(54) Pascua Sánchez, "Las fundaciones docentes..", op. cit., p. 134).



(55) En Cádiz y El Puerto de Santa María existen bastantes ejemplos de benefactores seglares, siendo el grupo más numeroso, teniendo como rasgos principales las de ser hombres de negocios y sin herederos forzosos que destinan grandes sumas de su fortuna para esta labor. (Pascua Sánchez, "Las fundaciones docentes..", op. cit., p. 134).



(56) Pascua Sánchez "Asistencia social..." , op.cit., 37

viernes, 30 de enero de 2009

El Juego de la Pelota


Francisco de Goya. El juego de pelota a pala. 1779. Museo del Prado.


Este artículo lo publicamos en Diario de Jerez 16.12.2008 en la sección Ciudad de la Historia.


Hacia 1629 el convento de San Juan de Dios llevará al banquillo de la Real Chancillería de Granada a los caballeros Fernando de Zurita, Pedro de Hinojosa, Sancho Malvaseda y Ávila y Agustín Mauricio de Villavicencio. La denuncia, "haber introducido en la calle del dicho convento el juego de la pelota". Grave debía de ser el asunto cuando llegaba a tan altas instancias. En efecto, lo era; este juego iba más allá de la pura y simple distracción: en él se mezclaban el dinero de las apuestas con la siempre morbosa escenificación de las ancestrales banderías de los nobles locales.
Los partidos retumbarían en toda la ciudad. La concurrencia a ellos sería tumultuosa. Y el enfado de los religiosos mayúsculo.
Pero comencemos explicando en qué consistía este Juego de la Pelota. A principios del siglo XVII, el humanista sevillano Rodrigo Caro nos describe en sus Días Geniales o Lúdicros un juego de pelota estilado por esta Baja Andalucía que guarda muchas semejanzas con el tenis actual. Sus peculiaridades eran el uso de palas de madera en vez de raquetas y la demarcación del terreno de juego de cada uno de los contrincantes con una línea en el suelo en vez de red. No obstante, existían variadas modalidades: con raqueta, con la mano, distintos número de jugadores, con cuerda o red, al exterior o en un recinto cerrado, golpeando la pelota contra una pared, o distintas formas de puntuación.
Caro destaca el carácter noble de este deporte. En efecto, en Jerez la documentación lo muestra siempre vinculado a este estamento. Es más, como dijimos, muy posiblemente sería apéndice -hasta ahora inédito- de los Juegos de Cañas; los famosos torneos ecuestres -magistralmente estudiados por Hipólito Sancho- en que había derivado la sangrienta rivalidad entre las facciones de los Dávilas y los Villavicencios. Los apellidos de los caballeros denunciados por los "hermanos de la capacha", no dejan, en este sentido, de ser sugerentes: Hinojosa jugaría al lado de Villavicencio contra Zurita y Ávila.
La disolución en 1600 de ambas cuadrillas de los juegos de cañas, por mandato de la justicia real, convertiría una actividad lúdica-festiva de menor entidad y lucimiento, más propia de nobles venidos a menos, como era el juego de pelota, en teatro de las parcialidades de los linajes jerezanos.
Con la pelota, al igual que con las cañas, los jóvenes de la nobleza se preparaban físicamente para cumplir con su deber con la guerra. Autores como el médico jienense Cristóbal Méndez y su libro sobre el Ejercicio corporal y sus provechos (1553), Campomanes en su Discurso sobre la educación popular (1775) o el citado Caro, apoyándose en Galeno, alaban sus virtudes para la mejora de las cualidades físicas y la salud. Curiosamente, este fue el argumento presentado al Ayuntamiento en 1594 por los vecinos de la Plazuela de los Palominos (entorno del actual colegio Luis Vives) con el que justificaban la retirada de su denuncia, hecha efectiva por el Alcalde Mayor, para la prohibición del juego que existía junto a sus casas por las molestias que les causaba el gentío que, encaramado en la barbacana, allí se reunía. "Habemos entendido que es de mucho fruto para el ejercicio de los caballeros mozos", decían. No sabemos si convencidos u obligados, pero ahora rogaban que la pelota se ejercitase de nuevo.
El mercado de apuestas que generaba los partidos, que favorecería los desmanes que sufrían los vecinos, manifiesta su existencia en la legislación que al respecto fue dictada por los monarcas españoles. La Novísima Recopilación (1806) recoge leyes de 1528, 1553 y 1575 que prohibían jugar "a crédito, ni a fiado", o apostar más de 30 ducados. La pragmática de 1575 muestra un verdadero negocio alrededor del juego: "asimismo no pueda cobrar derechos ni intereses alguno de ello el que fuere dueño del juego ni el juez de pelota".
Volvamos al pleito iniciado por los hermanos de San Juan de Dios. El tribunal regio de Granada atenderá la denuncia: en 1633, tras ser informado del fallo judicial, el corregidor de la ciudad prohibirá jugar junto a la iglesia de San Sebastián y al Hospital de la Candelaria. Los religiosos y sus enfermos podían ya rezar y descansar tranquilos. Los "caballeros mozos" debían buscar otro espacio urbano donde divertirse en sus ratos de ocio. No se marcharán muy lejos para encontrarlo.
En 1668, "los caballeros que acostumbran el juego de la pelota en el llano de San Sebastián" solicitarán al cabildo municipal, a través del veinticuatro y alcaide de los alcázares reales, Lorenzo Fernández de Villavicencio, la licencia para "aderezar el sitio del juego echándole suelo y lo demás que fuese necesario para ello". El entorno del Llano de San Sebastián (actual Alameda Cristina) fue, durante estos siglos, al igual que el de la plaza de Palominos junto a las arboledas de Picadueñas -nombre que nos evoca el Prado madrileño de El Buscón de Quevedo- un lugar para el esparcimiento. Pero para jugar a la pelota se necesitaba unas instalaciones. En el caso de la plazuela de Palominos parece que se usaba las estructuras de la muralla. En el del Llano se acondicionará un lugar ex profeso.
Viniendo de quien venía la solicitud, los nobles que dirigían los designios de la Ciudad, no podían negarse. Muchos de ellos disfrutarían de los partidos. No obstante, dejaban una advertencia y aviso a navegantes: el sitio era de "uso público de ella (la ciudad) sin que los padres de San Juan de Dios, ni de San Juan de Letrán ni otra persona alguna o comunidad" alegasen derecho sobre él. Y como dominio público, recordaban su potestad para suprimir el juego cuando se juzgase oportuno. Los capitulares no querían más polémicas y así lo acordaron.