miércoles, 24 de junio de 2026

VISITA A LA CAPILLA DE LOS CONTE DE LA ANTIGUA COLEGIAL

Ítem tenemos una capilla y en ella cañón de entierro bobedado en la Ynsigne Yglesia Collegial antigua desta ciudad, en su nave colateral del sagrario al lado del evangelio, que dicha nuestra capilla era la última frente del coro, y su citio era lo final de un ángulo del claustro del Patio de los Naranjos, lo que cojía en largo y ancho de un arco”.


Construida sobre parte del antiguo claustro del patio de los Naranjos de la antigua iglesia colegial y primitivo sahn o patio de las abluciones de la mezquita aljama. 

Con la localización de esta capilla y bóveda de enterramiento dentro del conjunto edilicio de la Casa del Abad, en el lateral que mira hacia la plaza de la Encarnación, gracias al trabajo arqueológico de Gonzalo Castro Moreno (a quien agradecemos haber posibilitado esta visita) podemos, en coordinación con el aporte que realizamos en 2016, donde documentamos la identidad de este complejo edilicio con respecto a la antigua colegial, llegar a una serie de conclusiones:


Entre otras cosas, se puede afirmar, de  manera prácticamente rotunda, la orientación y disposición de la antigua colegial: paralela al arroyo y con el ábside mirando hacia la calle cruces. Es decir, la orientación hacia el Este, la habitual de los templos cristianos. Una orientación que, por cierto, recientemente ha sido puesta en cuestión. 




Por otro lado, localizar el lugar del coro de la antigua iglesia colegial frente a la capilla, es decir, en el entorno del monumento a san Juan Pablo II. Sabiendo que el coro se emplazaba, más o menos, flanqueado de los cuatro pilares que sustentaban la techumbre, en la parte central de la iglesia, esto permite hacernos una idea de las dimensiones de la antigua colegial, la cual  extendería sus pies hacia la parte oeste de la plaza de la Encarnación, rebasando el recinto del sahn de la mezquita que nos marca el edificio de la Casa del Abad. De aquí, se podría que llegar a la conclusión de que la ampliación de la mezquita en época cristiana no sólo se materializó con la construcción de un ábside o cabecera gótica, sino también se llevó a cabo en la parte de los pies de la iglesia. Y quizá también una ampliación en anchura tomando una parte del sahn.



Tras estas rápidas impresiones y apuntes de nuestra visita a la capilla de los Conte-Terán, sólo nos resta desear que el obispado atienda a las posibilidades patrimoniales de la olvidada casa del Abad. Y que más pronto que tarde reanude los trabajos arqueológicos, la rehabilitación y la puesta en valor de este valioso enclave en el que, como un palimpsesto, se resume la historia de Jerez casi desde sus orígenes como ciudad. 

https://www.academia.edu/109719583/La_capilla_de_los_Conte_y_Ter%C3%A1n_de_la_antigua_iglesia_colegial_de_Jerez_de_la_Frontera

domingo, 7 de junio de 2026

REMEDIOS HUMANÍSTICOS CONTRA LA CORRUPCIÓN POLÍTICA. EL CORREGIDOR DE JUAN DE ARGOMEDO Y VILLAVICENCIO

 

“os digo que se escribió en tiempo muy turbado, para un corregidor que entró muy en paz, […], que sucedió a otro muy alborotado, y voluntario, de que me es forzoso darle noticia”.


    

   Incontables “pleitos y quimeras” había traído el corregidor Jerónimo de Valderrama a la ciudad de Jerez durante los primeros años de la década de 1610. Tantos como para que el noble y erudito Juan de Argomedo y Villavicencio se empeñase en la tarea de redactar y llevar a la imprenta un breve tratado en el que se señalaban las dolencias y los remedios para curar a ese “cuerpo enfermo” que en aquellos días era el gobierno jerezano. Esta obra, de la que únicamente se conoce un ejemplar conservado en la Biblioteca Nacional de España, es un fiel retrato de las bambalinas del poder municipal jerezano de esos años. Una pintura de abusos protagonizados las familias poderosas de la ciudad, de jueces prevaricadores, de consejeros que miraban más a su propio beneficio que al del gobierno público, aduladores que tratan de atraer el favor del gobernante, de regidores que imponían su "ley" frente al resto de sus compañeros en los escaños del ayuntamiento ante la pasividad del representante regio. O, lo contrario, de corregidores que imponían sus criterios para beneficiar negocios personales en la ciudad, etc... O sea, todo un trasfondo de corrupción que difícilmente se puede vislumbrar atendiendo únicamente a la documentación oficial de los acuerdos capitulares.

  Los “medicamentos” que Argomedo y Villavicencio receta en El corregidor, o advertencias políticas (Jerez de la Frontera, Fernando Rey, 1619) los elaborará echando mano de su amplia formación y práctica humanística. Su botica la formaban los clásicos grecolatinos y las Sagradas Escrituras. De estos particulares frascos extraerá los remedios, en forma de aforismos, citas o ejemplos morales, para curar los males que padecía el gobierno de la ciudad de Jerez. 

    Para nuestro autor, el corregidor, como representante directo del monarca en el ámbito local, debía ser el primer muro de contención contra el desmoronamiento del Imperio. Sanar el estado, por tanto, exigía comenzar la cura desde sus cimientos: las ciudades. Para tal fin, elabora un listado de las "enfermedades" que había llevado al desgobierno local, pero también al naufragio de la reputación de los corregidores que las habían padecido. Una protección de la reputación del corregidor que no era algo de poca importancia; pues nuestra ciudad fue una plaza trampolín para estos funcionarios reales en su ascenso en el entramado burocrático de la monarquía. A esta baza se agarra nuestro escritor para lograr que los corregidores prestasen toda su atención a estas "advertencias" que se les daba. 

    La obra de Argomedo y Villavicencio hunde sus raíces doctrinales en el neoestoicismo y en el tacitismo. Ambas corrientes de pensamiento político y moral recorrían Europa desde las últimas décadas del siglo XVI, avivadas por la  inestabilidad política, económica y social que atravesaba el continente y, de manera especial, España. Para estas corrientes de pensamiento, la inestabilidad política era el inevitable resultado de la decadencia o de la crisis de los valores morales de los gobernantes y de aquellos que les rodeaban. Un escenario de corrupción política donde el bien general sucumbía frente a los intereses particulares, y la razón y la virtud eran derrotadas por las pasiones humanas

    El debate intelectual generado para corregir este desgobierno del que participa el escritor jerezano iba dirigido a convertir a la política en una ciencia. Como tal ciencia, sus bases empíricas se asentaban, en primer lugaren la experiencia histórica que ofrecía la lectura de autores clásicos, especialmente, el historiador romano Tácito. Pero también se atiende a la experiencia más cercana, con el análisis, como había propugnado Guicciardini, de los hechos políticos contemporáneos. 

    Esta búsqueda de una ciencia política que debía ser el remedio para los problemas del gobierno público encontraba su justificación desde la moral cristiana. Con ello se eludía, o al menos se matizaba, las propuestas de Maquiavelo para que la Razón de Estado —la conservación del Príncipe en el gobierno— dominase por encima de cuestiones éticas. 

   Este pensamiento filosófico sostiene como premisa principal una visión pesimista de la condición humana: los imperios caían por la corrupción de sus hombres, no por la fuerza de sus enemigos. Con el empeoramiento de la situación social y política (pestes, guerras, carestía, corruptelas políticas...) estas ideas van a generar una atmósfera de desilusión, que idealizaba épocas anteriores, superando a una simple visión melancólica del pasado o de la existencia humana, y que acabará derivando en el llamado "desengaño barroco" que tiñe obras literarias como las de Quevedo o Saavedra Fajardo.    

 En otro plano de análisis, el opúsculo de Argomedo y Villavicencio viene a abrir otro capítulo acerca de la vida intelectual de la Jerez del Siglo de Oro. En este nuevo episodio, encontramos a sus eruditos y humanistas discutiendo apasionadamente sobre el gobierno y la corrupción política de todas las épocas. A la misma vez, nos ofrece otra prueba de la relación entre la erudición jerezana y ese círculo humanista sevillano, donde, precisamente, ocupó un asiento principal el también jerezano Francisco Pacheco, un personaje a quien, por cierto, Jerez aun le debe un justo y necesario reconocimiento. Y es que esta intelectualidad hispalense actuaba como verdadera avanzadilla en España en la difusión de estas ideas, como así evidencia el epistolario que mantuvo Arias Montano con el padre espiritual de este pensamiento político y moral, el belga Justo Lipsio. Esta conexión de amistad y paisanaje entre los pensadores hispalenses y jerezanos colocaron a Jerez en la vanguardia de este y otros debates intelectuales suscitados en la época.

    No podemos negar que hoy, cuatrocientos años después, todos estos temas adquieren una total actualidad  si los ponemos en el espejo de la política de nuestro país, dando la razón a Argomedo y al resto de los pensadores neoestoicos y tacitistas en que la degeneración moral se posiciona entre las principales causas de la pérdida de los estados.





    De todo ello damos cuenta y profundizamos en nuestro artículo publicado en Archivo Hispalense (el tercero que tenemos la dicha de publicar en tan señera revista editada por la Diputación de Sevilla):

"El Corregidor de Juan de Argomedo y Villavicencio. Neoestoicismo y tacitismo en Jerez de la Frontera en el siglo XVII". Archivo Hispalense, 2025, tomo CVIII, pp. 143-171.

https://www.academia.edu/167837324/_EL_CORREGIDOR_DE_JUAN_DE_ARGOMEDO_Y_VILLAVICENCIO_NEOESTOICISMO_Y_TACITISMO_EN_JEREZ_DE_LA_FRONTERA_EN_EL_SIGLO_XVII