“Ítem tenemos una capilla y en ella cañón de
entierro bobedado en la Ynsigne Yglesia Collegial antigua desta ciudad, en su
nave colateral del sagrario al lado del evangelio, que dicha nuestra capilla
era la última frente del coro, y su citio era lo final de un ángulo del claustro del Patio de los Naranjos, lo
que cojía en largo y ancho de un arco”.
Construida sobre parte del antiguo claustro del patio de los Naranjos de la antigua iglesia colegial y primitivo sahn o patio de las abluciones de la mezquita aljama.
Con la localización de esta capilla y bóveda de enterramiento dentro del conjunto edilicio de la Casa del Abad, en el lateral que mira hacia la plaza de la Encarnación, gracias al trabajo arqueológico de Gonzalo Castro Moreno (a quien agradecemos haber posibilitado esta visita) podemos, en coordinación con el aporte que realizamos en 2016, donde documentamos la identidad de este complejo edilicio con respecto a la antigua colegial, llegar a una serie de conclusiones:
Entre otras cosas, se puede afirmar, de manera prácticamente rotunda, la orientación y disposición de la antigua colegial: paralela al arroyo y con el ábside mirando hacia la calle cruces. Es decir, la orientación hacia el Este, la habitual de los templos cristianos. Una orientación que, por cierto, recientemente ha sido puesta en cuestión.
Por otro lado, localizar el lugar del coro de la antigua iglesia colegial frente a la capilla, es decir, en el entorno del monumento a san Juan Pablo II. Sabiendo que el coro se emplazaba, más o menos, flanqueado de los cuatro pilares que sustentaban la techumbre, en la parte central de la iglesia, esto permite hacernos una idea de las dimensiones de la antigua colegial, la cual extendería sus pies hacia la parte oeste de la plaza de la Encarnación, rebasando el recinto del sahn de la mezquita que nos marca el edificio de la Casa del Abad. De aquí, se podría que llegar a la conclusión de que la ampliación de la mezquita en época cristiana no sólo se materializó con la construcción de un ábside o cabecera gótica, sino también se llevó a cabo en la parte de los pies de la iglesia. Y quizá también una ampliación en anchura tomando una parte del sahn.
Tras estas rápidas impresiones y apuntes de nuestra visita a la capilla de los Conte-Terán, sólo nos resta desear que el obispado atienda a las posibilidades patrimoniales de la olvidada casa del Abad. Y que más pronto que tarde reanude los trabajos arqueológicos, la rehabilitación y la puesta en valor de este valioso enclave en el que, como un palimpsesto, se resume la historia de Jerez casi desde sus orígenes como ciudad.



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