viernes, 25 de septiembre de 2015

María de Austis, una comerciante vinícola del siglo XVI.


Pocas líneas, por no decir ninguna, dedica la historiografía jerezana a la participación de la mujer en la producción y la comercialización vitivinícola. Desde luego, en un mundo de hombres su presencia fue -y es- casi residual o anecdótica. Pero, sin embargo, mujeres implicadas en el mundo del vino las hubo.


Aprovechando estas fechas festivas alrededor de nuestra agro-industria, queremos desempolvar -literalmente- el nombre de una de esas mujeres que tomaron el mando en el negocio del vino mucho tiempo antes de que llegaran a nuestra ciudad, en los albores de la contemporaneidad, los conocidos apellidos que secularmente identificamos con el desarrollo la vitivinicultura jerezana. De esa trastienda de la Historia sacaremos a María de Austis.


Capitulaciones matrimoniales de Francisco de Castilla y María de Austis (1586)

En 3 de julio de 1586, María de Austis, viuda de Baltasar Pérez de Acuña, se casaba con el veinticuatro Francisco de Castilla, con quien le unía no sólo vínculos familiares, sino también de negocios [Archivo Diocesano Asidonia-Jerez, San Miguel,  libro de matrimonios (1573-1593), f. 53]. Castilla era paradigma de la burguesía mercantil que había logrado el ascenso a la élite social y política local gracias a los frutos de sus afanes comerciales [Archivo de Protocolos Notariales, of. 17, año 1614, ff. 770-780]. Un día antes del enlace, los futuros esposos protocolizaban un inventario de los cuantiosos bienes que cada uno aportarían al matrimonio [APN., of. 5, año 1586, 2 de julio, folio roto].

La libertad de acción que la legislación castellana otorgaba a la mujer viuda permitió que María de Austis continuara los posibles negocios de Pérez de Acuña. No era algo inusual. En la citada acta de inventario, María es descrita como una empresaria al mismo nivel de su socio y marido en ciernes; preparación intelectual para ello no le faltaba, pues sabía escribir. Tanto es así que en la flota que partió hacia Nueva España en el año 1584 había cargado 100 pipas de vino a mitad con Castilla. De esta operación se le debían 18.966 reales y medio que estaban “en poder de nicolas peres hurtado vecino de Mexico y que eran resto de los 7.741 pesos y cinco tomines en que había fructificado dicho envío. Al año siguiente, 1585, según sigue anotando el documento, había cargado otras 50 pipas que estaban en poder de su nombrado apoderado en México. Cada barril o pipa se apreciaba en 40 ducados. Aparte de lo mencionado, guardaba  100  “botas de vino que están en una bodega detrás del convento de la vera cruz, que fueron apreciadas en 20 ducados cada una”. 


Nuestra señora de Atocha (1611)


Como vemos por este documento, y como han demostrado los estudios de Guerrero Vega, Romero Bejarano y Aroca Vicenti, ya desde el siglo XVI en esa zona periférica de Jerez se estaban configurando complejos arquitectónicos de carácter bodeguero de cierta importancia, bodegas que Austis y Castilla suponemos que arrendaban para almacenar el ingente vino que criaban o compraban. Así, Castilla decía tener almacenadas 500 botas entre esa misma bodega y otra anexa.

Con el matrimonio, cesarían los negocios vinateros de doña María de Austis. Y pronto también lo harían los de su esposo, ya por entonces más preocupado en trasformar su fortuna en capellanías y mayorazgos. A ello le forzaba una sociedad decadente que despreciaba la nobleza del trabajo y que blasonaba, por el contrario, el “noble” vivir de las rentas.


Juan A. Moreno Arana.

viernes, 26 de diciembre de 2014

OLIGARQUÍA Y LECTURA EN EL SIGLO XVIII La biblioteca de Manuel del Calvario Ponce de León y Zurita, regidor de Jerez de la Frontera (1794)

Presentamos una nueva publicación para la Historia cultural y social de Jerez de la Frontera en el siglo XVIII:

"OLIGARQUÍA Y LECTURA EN EL SIGLO XVIII. La biblioteca de Manuel del Calvario Ponce de León y Zurita, regidor de Jerez de la Frontera (1794) (Bubok, 2014)". 

http://www.bubok.es/libros/235814/OLIGARQUIA-Y-LECTURA--EN-EL-SIGLO-XVIII-La-biblioteca-de-Manuel-del-Calvario-Ponce-de-Leon-y-Zurita--regidor-de-Jerez-de-la-Frontera-1794


En esta monografía estudiamos la interesante biblioteca de este noble y regidor de la ciudad de Jerez, que en 1794, estaba en uso y formación. En efecto, su estudio parte de un inventario de bienes iniciado a raíz del segundo matrimonio de su propietario. Se trata de una biblioteca relevante dentro del panorama local y aún nacional de la bibliotecas de particulares. No sólo por su tamaño, con 910 títulos de obras y que rebasaba el millar de volúmenes, sino por la variedad de temáticas de que constaba. Se trataba de una biblioteca prototipo de un noble adscrito al movimiento ilustrado.

Junto a esta biblioteca, y como manera de contextualizarla en su ámbito espacio-temporal, analizamos una serie de casos inéditos de bibliotecas privadas  logrando, así, delinear las líneas generales del fenómeno de la posesión libraría en el Jerez de la segunda mitad del siglo XVIII.

jueves, 27 de junio de 2013

EL YUGO DE LA POBREZA Y LA EDUCACIÓN


Cesare Ripa, Emblemas. "La Pobreza en el que tiene buen ingenio".

Vaya el revuelo que se ha formado en estos días con la última ocurrencia de nuestro ministro de Cultura, o será más bien de Incultura. En este país en la ruina, lo único bueno es que no nos aburrimos con cada noticia que nos ponen de desayuno o de almuerzo, un día si y otro también.  
La astracanada por entregas en que se está convirtiendo la reforma educativa del ministro Wert no deja de exasperar los ánimos del mundo educativo, de dar carnaza a adversarios políticos, de ofrecer en bandeja sensacionalistas titulares de prensa, y de llenar de ceros las cuentas corrientes de los analistas políticos de tertulias televisivas (estos sí que han encontrado un trabajo fijo gracias a la crisis, y dos y tres). Aparte, por su puesto, de llenar España de humo, de mucho humo que trastorne un poco al personal como si de abejas se trataran.

Tanta polvareda es más que comprensible; su idea de fomentar y premiar la excelencia del alumnado desterrando de los estudios universitarios a los hijos de la clases medias y bajas, tan damnificadas ya por esta crisis moral, más que económica, que estamos padeciendo parece de cámara oculta, como todo lo que está pasando en este país en los últimos tiempos.  

Si el sistema educativo español, ese manoseado juguete para nuestros políticos, ya era una pesada carga que relega a los estudiantes españoles a los más bajos puestos de niveles de competencias en el concierto de los países desarrollados, ahora tiene que hacer frente a las salidas de tono de este indeseable ministro. Wert está cavando la tumba de su reforma, el sabrá lo que hace. Mientras, el desastre educativo gestado desde hace décadas en nuestras aulas sigue adelante, al borde del precipicio.

Todo esta cuestión de las becas universitarias me ha recordado a la España del siglo XVII y al emblema de Cesare Ripa que ilustra la entrada. Un época también de crisis. Y en la que, también, todos los padres querían que sus hijos estudiasen latín y humanidades con única idea de hacer de ellos clérigos o letrados. Era una forma de dar lustre a la familia y para lograr las prebendas que estos oficios llevaban aparejadas. Los oficios eran desdeñados por ser considerados de gente baja. Una errada mentalidad, típicamente española, que aún hoy está vigente y que, en efecto, no tiene efectos positivos. Y, como hoy, tampoco había empleos (oficios civiles o beneficios eclesiásticos) para todos. Los estudiantes fracasados por no encontrar un puesto decoroso con sus títulos pasaban entonces a engrosar la listas de los ociosos y de los improductivos, pues muchos se resistían a ejercer otro oficio. 

Tanta vagancia suelta y tanto religioso que apelaba a su condición eclesiástica para no pechar, toco las grandes narices del Conde Duque de Olivares. El "atlante" don Gaspar asumió como propio el peso de un país improductivo, abandonado por sus naturales, en la ruina e hipotecado a los prestamistas genoveses. Un país inútil para continuar con sus guerras europeas; la mesiánica misión en el mundo de la monarquía hispánica a la que la Reputación de España no podía renunciar y que era la verdadera sangría del país. 

En 1623, la Junta Grande de Reformación, órgano presidido por el omnipresente Olivares, presentará una serie de propuestas al todavía díscolo Felipe IV. Entre ellas se encontraba la de reducir las cátedras de Gramática, ese estudio que era el salvoconducto para entrar en la carrera eclesiástica o para seguir los estudios en la universidad. Y es que el punto de mira se había puesto desde tiempo atrás sobre el estudio del Latín, al que se le achacaba como parte de las causas de la crisis económica que sufría Castilla en aquellos días, pero que había parido los más floridos ingenios de la Cultura universal.

La "infestación" de estudiantes había sido fruto de la moda de la época de fundar de cátedras en las que se impartían gratuitamente estos estudios. Aquello había de acabar. Y estaba claro quienes serían los perjudicados con esta prohibición: los menos pudientes. Los hijos de los artesanos o de la pequeña burguesía quedarían excluidos de estos estudios que había posibilitado su ascenso en la escala social, siempre y cuando hubiesen sorteado las pruebas de limpieza de sangre y de oficio. El orden social y económico, como quería el Conde-Duque y sus arbitristas, quedaría preservado. Y el rey podría seguir haciendo la guerra, mientras hacia el amor tras las bambalinas de la Corte.

En aquella época estamental esta acción se podía comprender e incluso se puede justificar, pero ¿hoy? Que cuatrocientos años después, algunos quieran volver al Antiguo Régimen, (el anterior a 1812), que la cuerda siga rompiéndose por el extremo más débil y que el pueblo continúe pagando los delitos de sus gobernantes, es una broma de malísimo gusto y de una desfachatez de libro. Condenable. Y peor aún, cuando no nos quedará el consuelo de un Cervantes, de un Quevedo, de un Góngora o de tantos otros estudiosos de las Letras Humanas; hoy, los buenos ya volaron a mejores lugares.









jueves, 19 de julio de 2012

La Educación en Jerez de la Frontera en el siglo XVIII



Después de una larga odisea, mi investigación sobre La Educación en Jerez de la Frontera en el siglo XVIII ha visto la luz. Ha sido cerca de una década de investigación y de análisis.


El grueso de este estudio se ha realizado sobre bases documentales, algo que vino dado por el hecho de que, tanto a nivel local como general, la bibliografía sobre este tema no era ni abundante ni satisfacía plenamente nuestras expectativas, aunque haya ayudado, en algunos aspectos, a encauzar nuestros pasos sobre un terreno prácticamente sin desbrozar. De ahí, el largo tiempo que ha requerido su elaboración. 


Y es que la investigación en archivos, y más la que se realiza sobre documentación perteneciente al Antiguo Régimen, en la que la clasificación documental apenas existe (aunque en el Archivo Municipal jerezano contemos con instrumentos de descripción de inapreciable ayuda), no da sus frutos si no es a costa de infinita dedicación y, sobre todo, de infinita paciencia; no siempre el dato buscado se encuentra referenciado de manera explicita en la documentación inventariada o bien se haya oculto o diluido en otras. Ello requiere de la intuición y de la experiencia del investigador para asumir una gran variedad fuentes, no todas meramente documentales, que puedan ser susceptibles de contener las piezas que nos faltan para poder completar el puzzle. 


Pese a todos estos escollos, por lo demás habituales cuando se afronta una investigación de este tipo, creemos haber dilucidado con bastante fiabilidad lo que fue el fenómeno educativo a lo largo del XVIII en Jerez de la Frontera. Una ciudad clave en el concierto histórico de la Baja Andalucía, y aún de toda Castilla, en un periodo clave para explicar el rumbo que tomará la Educación en el siglo XIX, ya dejadas atrás las estructuras estamentales del Antiguo Régimen.

Pero no sólo Jerez y el siglo XVIII han sido objeto únicos de nuestra atención e investigación. No se puede explicar el fenómeno educativo en el Jerez del siglo XVIII sin desentrañar cuáles fueron sus raíces o su recorrido anteriorY tampoco se puede valorar ni explicar en su justa medida las conclusiones obtenidas para Jerez sin ponerlas en relación con lo que sucede en otros lugares de su contexto geográfico. Dada la falta de bibliografía específica para muchas de estas poblaciones se ha tenido que realizar algunas investigaciones por nuestra cuenta.


Una ciudad que se convierte en foco de atracción para personas que eligen la docencia como modo de participar de la riqueza que se estaba generando en la zona gaditana en torno al comercio con América; la lucha por el reconocimiento social del oficio de maestro; las actuaciones del Ayuntamiento y del Estado por controlar la enseñanza; la promoción de la escolarización como forma de erradicar las consecuencias de la pobreza en los planos religioso y político; la reforma de la enseñanza; las múltiples facetas del docente en la sociedad jerezana; los efectos del Reformismo Ilustrado en la organización de la enseñanza local; la expulsión de los jesuitas; alumnos y alumnas en una sociedad cambiante... son, en resumen, algunos de los temas de los que trata este libro que espera ser una contribución al conocimiento de la Educación y de la Sociedad, tanto jerezana como española, en la Edad Moderna. 



El libro se vende bajo demanda en la página de BUBOK y está disponible en librerías asociadas. Para mayor información:


http://www.bubok.es/libros/215017/LA-EDUCACION-EN-JEREZ-DE-LA-FRONTERA-EN-EL-SIGLO-XVIII




miércoles, 18 de julio de 2012

COMO SARDINAS EN LATA

En la anterior entrada nos preguntábamos, recordando cómo era la enseñanza primaria en el Jerez del Siglo de Oro, si había algo nuevo bajo el Sol. La pregunta no era inocente; veíamos nubarrones en el horizonte. Nos temíamos lo peor y nuestros temores no eran infundados. Se han confirmado. Hoy, más que nunca, vemos en el pasado el futuro de nuestra enseñanza.

Si bien creemos que es fundamental para el Buen Gobierno de la Nación la racionalización de los gastos de la administración pública, las medidas que se están llevando al BOE todas las semanas no son nada racionales. Al contrario, la "razón de la sinrazón (económica)" va camino de poner fin a los logros sociales que la Democracia ha conseguido en estos últimos treinta años. Nos explicamos con un sólo ejemplo.

Entre batería de ajustes ( mejor, de ajusticiamiento) presupuestario para el reducir el déficit o la deuda del estado está la de aumentar en un 20% la ratio de las aulas. Es decir, más alumnos para menos profesores, más horas lectivas y menos sueldo y puñados "gordos" de interinos a la calles. Una demencial medida de alguien que tiene una venda ante la realidad actual de nuestras aulas y que no nos puede sino recordarnos a lo que escribía el fraile ilustrado Martín Sarmiento hacia 1762 refiriéndose a las escuelas de Primeras Letras de la España del siglo XVIII: 

"que sean ciento o doscientos a todos los embanastan como sardinas en una sala y debajo de un sólo maestro".

Desde luego, Sarmiento no se felicitaba de las "grandes" capacidades tanto de las escuelas como de los maestros.

¿Este el futuro que nos ofrece este gobierno "humillado al Oro"?


"Al menos en este aula no se mueve ni un alfiler" (J. I. Wert)

Se continuará...

viernes, 18 de noviembre de 2011

¿Algo nuevo bajo el sol?: la escuela en el Jerez del Siglo de Oro

La naturaleza humana siempre es la misma. Aunque nos empeñemos por evitarlo, siempre volvemos a caer en la mismas piedras y triunfar en las misma batallas; ahí están los clásicos para recordárnoslo. Y la Historia también. Por eso, ni el Presente se puede explicar ni valorar, ni el Futuro se puede prever, sin conocer el Pasado. 


Este es un artículo que publicamos el (8/11/2011) en la sección de la "Ciudad de la Historia". que edita semanalmente el Diario de Jerez con la coordinación del Centro de Estudios Históricos Jerezanos. Se trata de un pequeño avance de otro que publicaremos próximamente, si la Prima de Riesgo da su beneplácito, sobre el panorama de la enseñanza de Primeras Letras (la Primaria de entonces) durante el apogeo y comienzo de la decadencia de España -y de Jerez también-.  Un siglo de Oro en el que florecieron la Cultura y las Artes, dando por frutos mucho tiempo. ¿Estuvo la cultura en Jerez al nivel a la altura de la relevancia que como ciudad tuvo durante este siglo? 




EL reciente comienzo de un nuevo curso escolar puede servir de excusa para hacer una visita a las escuelas del Jerez de hace cuatro siglos que nos haga reflexionar, desde la atalaya de la Historia, sobre el camino recorrido por la Educación.


Es difícil precisar el número de escuelas con que contaría Jerez en aquellos años 'áureos'; el oficio de maestro era una actividad lucrativa más de la urbe, y como tal, expuesta a la oferta y a la demanda y a las distintas circunstancias que conlleva -igual que hoy- poner en marcha un negocio. Pero desde luego, y pesándonos disentir de Hipólito Sancho, aquel maestro contratado como amanuense por el cabildo municipal de fines de siglo XVI no era el único de la ciudad. La destacada magnitud económica y social que alcanzó Jerez a lo largo de este siglo así lo requería y posibilitaría. 


Muestra del tratado sobre caligrafía "Arte subtilisimo" de Juan de Iciar


Pero, ¿qué era lo que se enseñaba y cómo? Pues ni de Geografía ni de Historia se hablaba en estas escuelas. Esto quedaría para los ayos de la más alta nobleza. O para maestros eruditos como Miguel Díaz, de cuya inédita obra histórica sobre Jerez nos ocuparemos en otra ocasión. Bastaba -y de sobra- con saber leer, escribir y las cuatro operaciones aritméticas. Y por supuesto, y por encima de todo, la Doctrina Cristiana, pilar sustentador de aquella sociedad. Los materiales didácticos apenas iban más allá de las cartillas para aprender a leer o de las muestras de escritura elaboradas por el docente, que el alumno debía copiar. 



Sin embargo dentro de este 'currículo base', podían darse diversos niveles o calidades de enseñanza, que dependían tanto de las posibilidades económicas del padre del alumno o de las intenciones que tuviera con el futuro de su vástago, como de las capacidades del maestro. Maestros que, en no pocos casos, improvisaban una profesión sin regulación alguna en nuestra ciudad hasta principios del siglo XVII. No era raro encontrar barberos, estudiantes, zapateros o sastres que compaginaban ambos oficios. Algunos, incluso, formalizando notarialmente su labor mediante un contrato. 



Estos contratos de enseñanza permiten conocer los rasgos generales de la escolarización en esta época, así como sus distintas singularidades. Un ejemplo puede ser el protocolizado el 10 de junio de 1568 por el que el jurado Cristóbal Martín ajustaba la enseñanza de su hijo Luis, de 10 años de edad, con Alonso de Cuenca, maestro vecino de la collación de San Dionisio. Cuenca se obligaba a "enseñar a leer en un libro y en una carta y escribir una buena forma de letra para que pueda entrar a escribir en un oficio de escribano y contar y sumar y restar e multiplicar y particiones", en un tiempo de dos años y por un precio de 5 ducados. 



Otras veces, en vez de acudir a la escuela, el niño, normalmente huérfano, entraba al servicio o pupilaje del maestro. Este fue el caso de Gabriel de Baena, a quien su 'guardador' o tutor ponía en 1578 en 'casa y servicio' del 'maestro de doctrina' Pedro Vázquez, vecino de la calle Santa María. El maestro se obligó, además de enseñar al mozo las 'Primeras Letras', de darle "de comer, e beber e casa e cama e lavarle la ropa e tratarlo conforme a sus calidades" y a emplearlo sólo en "servicios honestos". Todo ello por un precio de 16 ducados, más o menos lo que de media solía costar, por ejemplo, el arrendamiento anual de una casa mediana. 



Las distintas calidades de enseñanza se evidencian en los contratos tanto por el tiempo de aprendizaje como en el precio de éste. En 1625, Martín Guerrero, avecindado en la calle Santo Domingo, concertaba su magisterio en un plazo de dos años y por un precio de 5 ducados y dos gallinas. En cambio, sólo tres años más tarde -en 1628-, el licenciado Luis de Malaguilla concertaba por 16 ducados los tres años en que el hijo del veinticuatro Felipe Zarzana estaría bajo su tutela. Algo menos -14 ducados- fue lo que Antonio Laureano cobraría, en 1638, por tener en su escuela de la calle Corredera, "todo el tiempo que fuese menester para la dicha enseñanza", a Diego de 5 años de edad e hijo del linajudo caballero santiaguista Miguel de Fuentes Pavón. 



Firma y rúbrica del maestro Alonso de Cuenca (1568).
Los pagos normalmente se fraccionaban según tiempo fijado para el aprendizaje o según el alumno culminaba alguna fase de éste. Si pasado el plazo pactado el maestro no culminaba su tarea se comprometía a su costa a seguirla o pagar a otro maestro que la terminara. Es curioso que en muchos de estos contratos, los padres se obligaran a la asistencia de sus hijos a la escuela, donde estarían tres horas, mañana y tarde, y de lunes a sábado. Las vacaciones se reducirían a los días y periodos festivos más importantes. 


En estas escuelas, que no pasaban de ser una habitación mejor o peor acondicionada dentro de la casa del maestro o, en el mejor de los casos, en una accesoria a ésta, se reunían personas de todo género, desde el niño pobre que sólo aprendía a leer a aquellos más pudientes que concertaban todo el curso de las Primeras Letras. Podía suceder, como sabemos que ocurrió en la escuela de la plaza de la Yerba del licenciado Malaguilla, que un hijo de un veinticuatro -el citado Zarzana- compartiera banco con el de una tendera montañesa. Aunque habría escuelas y escuelas. 



Poco impacto tuvo la acción asistencial del colegio de los Niños de la Doctrina en el panorama educativo local. Establecido a mediados del XVI bajo el patronazgo municipal, cerró un siglo después bajo el persistente desamparo económico. Habrá que esperar a las iniciativas particulares del siglo XVIII para que la atención educativa gratuita sea una realidad en Jerez. 



En cuanto a la enseñanza femenina, se restringía al aprendizaje de las labores de costura, y más raramente a leer, con una maestra de 'amiga'. Por regla general, mujeres que aprendieran a tomar la pluma sólo se encontraban en los conventos o en algunas de las casas de la nobleza local. En el aristocrático Jerez, no escasearon. 



Fuentes: 


Archivo de Protocolos Notariales de Jerez de la Frontera: tomo 518bis, f. 468; tomo 683, f. 168; tomo 1364, f. 479; tomo 1420; tomo 1542, f. 406.



lunes, 1 de noviembre de 2010

FUNDACIÓN DE ESTUDIOS EN EL COLEGIO DE LA COMPAÑIA DE JESÚS DE JEREZ EN EL SIGLO XVII

Volvemos de nuevo con el blog insertando este artículo que publicamos en la Revista de Historia de Jerez, nº. 10 año 2004 pp. 419-420. En él tratamos cómo vanidad y disputas teológicas se mezclan con el fomento de la enseñanza superior en el Jerez del siglo XVII.

De la gratuidad de los ministerios evangélicos-educativos ejercidos por la Compañía de Jesús, tal y como quedará plasmada en las Constituciones ignacianas, resultará que el desarrollo de estos quehaceres se vea unido y supeditado a la presencia de un correspondiente respaldo económico.

El prestigio de la enseñanza de los colegios jesuíticos y el afecto despertado por esta congregación religiosa en una sociedad abanderada de la defensa y difusión de catolicismo, como lo era la española del siglo áureo, posibilitará que, al abrigo del mecenazgo, ese escollo de la financiación pueda ser salvado. Gracias a este apoyo, los establecimientos docentes de la Compañía no sólo lograrán crearse y sostenerse más o menos desahogadamente sino que además llegarán a proliferar hasta límites más allá de lo estrictamente necesario y recomendable .

Desde las últimas décadas del siglo XVI y la primera mitad del XVII, la fiebre por favorecer la erección de colegios jesuíticos llegará al extremo de que factores tales como necesidad, financiación u oportunidad, primordiales para llevar a buen puerto tal empresa, sean, en no pocas ocasiones, relegados a un segundo plano por las veladas motivaciones del benefactor.

Como ejemplo de esta influencia de las mentalidades en el campo de la Educación, presentamos el siguiente documento, consistente en el establecimiento de una fundación para sostener estudios de Facultad mayor en el Colegio de la Compañía de Jesús de nuestra ciudad.

La fundación se protocolizó el 12 de Junio de 1638 y fue otorgada por Francisco Caballero de los Olivos. Con ella, el bienhechor se propone completar el currículo del Colegio jesuita dotándolo de cátedras de Teología escolástica (primas y vísperas) con sus preliminares estudios de Artes sumándolos, de este modo, a los de gramática que hasta ese momento conformaban la oferta educativa de este centro docente. De este modo, por esta escritura dotará una cátedra para la enseñanza de las Artes con 100 ducados anuales desde el momento que se comenzase a leer la cátedra. Asimismo, se acordaba que la erección de las cátedras de Teología, en la cual intervendrá su tío el canónigo magistral Alonso Caballero de los Olivos, se sufragaría con 200 ducados anuales.

En la escritura se daba al Colegio un plazo de un año para obtener de los superiores de la Orden la aprobación de lo proyectado. En ese tiempo, el Colegio, que aceptaba lo estipulado, se comprometía a no admitir nuevas fundaciones, ya fuesen de mayor o de la misma renta. Una vez aceptado, el proyecto tendría que hacerse efectivo en un plazo de tres años. Sin embargo, como veremos a continuación, esta fundación no pasó del papel notarial.

Esta afirmación la sustentamos, por un lado, en que ningún historiador de la Compañía -Rallón, Messa Xinete, y, sobre todo, Hipólito Sancho - haya dejado referencia a la misma. Por otro, el mismo documento nos aporta una prueba que avala el naufragio de la fundación de Caballero de los Olivos; la escritura no se acompaña, como sucede en casos similares, de a ya citada carta de aceptación de los superiores de la Orden jesuita. Finalmente, el hecho que en 1665 Antonia Bohórquez Angulo realice una donación para agregar a las cátedras de gramática los referidos estudios mayores es dato elocuente que excusa más comentarios sobre este asunto

Obviamente, la pregunta que surge seguidamente es cuáles fueron las razones que truncaron la puesta en marcha de estos estudios. Siguiendo los factores señalados que determinan una acción de esta índole intentaremos dar una posible respuesta a esta cuestión.

En el documento se plantea una necesidad: la falta de estudios mayores en el colegio de la Compañía de Jerez. Esto acarreaba, según nuestro bienhechor, que los estudiantes de este centro "se queden todos los mas en los principios", es decir, en los estudios de latinidad o gramática. Es cierto que en estos años el colegio soportaba la asistencia de una masa nada despreciable de estudiantes, como muestran las obras que durante estos años se realizarán para agrandar las aulas del colegio , Pero pesar de la afirmación de Caballero de los Olivos, ¿estaban desamparados todos aquellos que, instruidos en la latinidad y la gramática, querían completar su formación académica?, evidentemente no. Sobran comentarios en lo tocante al monopolio que sobre la enseñanza superior ostentaba, con notable éxito, el convento de Santo Domingo . Sus puertas llevaban bastantes años abiertas a los seglares, que concurrían a sus clases en considerable número. Buena prueba de la alta estimación hacia la labor docente de los dominicos y que sus aulas bastaban para cubrir la demanda de estos estudios es que, a pesar de la aludida fundación de Bohórquez Angulo, sus claustros seguirán albergando a numerosos de alumnos procedentes de la Compañía . Esta inutilidad de los estudios mayores de los jesuitas jerezanos se la adjudica De la Lastra al hecho de que en su creación, tal y como creemos que ocurrió en nuestro caso, "se entendió más al deseo de ampliarlo que de beneficiar así de forma indirecta a la generalidad, que a lo que habrían aconsejado los dictámenes de una prudencia no enturbiada, más o menos, sutilmente, por el afán de propio engrandecimiento y rencillas claustrales, que venían de antiguo” .

Otro hecho que ilustra que Jerez no estaba desatendida en lo que se refiere a estos estudios, y que, casualmente, se relaciona con uno de nuestros mecenas en ciernes, don Alonso Caballero, es el litigio que éste sostendrá para ser eximido de la carga de la lección de Sagradas Escrituras a la que estaba obligado como canónigo magistral. Su argumento se fundamentaba en que nadie concurría a escuchar estas lecciones por existir en Jerez lugares donde poder acceder a los estudios mayores con comodidad y provecho

Esto nos hace cuestionar si realmente era tan amplio el número de estudiantes que se quedaban sin poder acceder al estudio de las artes y la teología en nuestra ciudad, como para que fuese necesario ampliar las materias impartidas por los jesuitas locales en un momento que, como comprobaremos, no sería el más propicio para ello.

Un segundo determinante, que por su peso prevalece sobre los demás, es la financiación. Caballero de los Olivos propone dotar cada una de las tres cátedras con 100 ducados. Nos resulta una cantidad modesta a pesar de que no se diferencia demasiado, teniendo en cuenta la depreciación monetaria del reinado de Felipe IV, con los 200 ducados provenientes de un principal de 10.000 que sustentarán las cátedras de Bohórquez. Por otra parte, la mencionada benefactora, además de la dotación de las cátedras, también construirá cuatro nuevas aulas; dato a tener en cuenta de cara a lo que más adelante expondremos.

Concluyendo este análisis de los posibles agentes que lastraron este proyecto, nos ocuparemos ahora del que consideramos responsable definitivo de su fracaso: lo oportuno o no del momento de su presentación. Como hemos comentado, durante estas primeras décadas del XVII los jesuitas jerezanos tendrán graves dificultades para atender la asistencia de estudiantes debido a la capacidad de sus aulas. Pero, durante 1638, año de la fracasada fundación, un acontecimiento se sumará a estos problemas de espacio. El 12 de Julio de 1638, el rector de la Compañía, Juan de Cuadros, se presentaba ante nuestros capitulares explicándoles la penosa situación de las aulas de gramática, las cuales habían quedado inutilizadas por la amenaza de ruina que se cernía sobre ellas. El rector pedía el traslado de las clases a la cercana capilla de Nuestra Señora de la Pura y Limpia Concepción hasta que las aulas se reparasen y se construyesen las nuevas .

A pesar de haberse dado un plazo de tres años para que las nuevas cátedras comenzasen a impartirse, en el cual se podrían terminar las reparaciones y reformas, vemos que no se entraba con buen pie. Cuando apenas se podía impartir las clases de gramática con holgura y seguridad, sobrecargar la capacidad estudiantil del, en estos momentos, apuntalado colegio resultaba poco oportuno.

Tras lo expuesto, atisbamos que reinó el buen juicio entre los padres superiores al no aceptar la fundación; la situación no dejaba más opciones. Es difícil calibrar, pese a todo, hasta que punto el sentido común había regido en el propósito de ampliar los estudios de los jesuitas jerezanos. Quizás en este asunto, como hemos apuntando, se atendiese por parte de nuestro benefactor a unos intereses más complejos que el del puro beneficio a la generalidad. Por ello, creemos imprescindible para arrojar algo de luz sobre esta fundación docente acercarnos la figura de sus promotores y al momento histórico que los envuelve.

Sobre Francisco Caballero de los Olivos, lo primero que hemos de considerar es su pertenencia a una familia hidalga jerezana vinculada desde antiguo cargos en el Cabildo jerezano. Durante estos años ocupará puesto de veinticuatro

Interesante es la figura de Alonso Caballero de los Olivos, el otro mecenas del documento; Vicario eclesiástico. Comisario del Santo Oficio y Magistral de la Colegial desde 1621, su nombre ha quedado en la historiografía jerezana ligado a las manifestaciones concepcionistas acaecidas en nuestra Ciudad durante la primera mitad del diecisiete .

Antonio Domínguez Ortiz en su obra sobre la sociedad española del XVII señaló magistralmente la obsesión de nuestra hidalguía por la ostentación y la afirmación de su clase. Expresiones que se plasmaban en múltiples facetas, entre ellas el ejercicio de la beneficencia y el mecenazgo . Si tenemos en cuenta esto, con esta acción benéfica los Caballeros de los Olivos tendrían una oportunidad inmejorable para hacer "probanza" pública de sus calidades de hidalgo y para alcanzar, a su vez, fama y notoriedad. Buena prueba de esto es el hecho de obligar al Colegio a no aceptar otras fundaciones, "por más ni menos renta ni por la propia” en los tres años proporcionados para que la puesta en funcionamiento de los estudios se hiciese efectiva guardándose, de esta manera, para él y su tío la exclusividad del mecenazgo.

Pero, profundizando en el ambiente histórico en que nos movemos, no podemos obviar una serie de eventos, que lejos de en revesar el asunto, creemos que nos suministrarán algunas claves para llegar al trasfondo de la donación de los Caballero de los Olivos. Veámoslo.

No es algo sorprendente ni desconocido los piques y porfías entre distintas órdenes religiosas. Tampoco lo es que estas rivalidades se vean favorecidas cuando las órdenes en cuestión poseen fines similares o comunes, o que un motivo para estas riñas provenga del hecho de que, en palabras de Domínguez Ortiz, "además de ser la más antigua y la más santa, cada religioso quería que su orden fuera reconocida la más sabia" . Sobre este último asunto, un acontecimiento marcará un hito de hasta donde podía llegarse con esta "soberbia intelectual". Nos referimos a la cuestión de la Inmaculada Concepción de María; la llamada opinión pía. Excusaremos detalles, de sobra conocidos, sobre los sucesos acaecidos en 1613 tras las manifestaciones del prior del hispalense convento dominico de Regina Angelorum en contra del Sine labe concepta. Sucesos que darán lugar a una enconada respuesta de un pueblo "agraviado" por de la Orden de Predicadores. Sentimiento de injuria avivado por franciscanos y jesuitas, que vieron en este espinoso asunto la ocasión perfecta para rebatir la superioridad teológica de la doctrina Tomista, y, por ende, la llamada "soberbia dominicana".

Jerez, de honda raigambre concepcionista, no quedaría al margen de los acontecimientos. Las expresiones jerezanas a favor de la creencia pía no se hicieron esperar. Según Hipólito Sancho, parece, pues la documentación es difusa, que unos de los promotores de las manifestaciones concepcionistas jerezanas de estos años fue la congregación jesuítica de la Anunciada. Proclamaciones devotas en las que, como era lógico, no participaba el convento de Santo Domingo . Gracias a esta campaña de descrédito y a la propia resistencia, más o menos explícita, a ceder en este asunto, no es extraño que los dominicos fuesen mirados con cierto desprecio y recelo por una sociedad para la que el máximo fervor católico se plasmaba en la devoción mariana .

Llegados a este punto, hemos de recapitular lo escrito y concretar la hipótesis de la influencia de los hechos comentados en la génesis de la fundación de los Caballeros de los Olivos. En primer lugar nos preguntamos el por qué realizar una fundación de estudios mayores cuando, como hemos comprobado, era algo innecesario. La respuesta creemos que debemos buscarla en lo desarrollado en las líneas precedentes. Completar los estudios del Colegio de la Compañía suponía equipararlo con el Convento de Santo Domingo, en cuanto a oferta educativa, dándole, con ello, una mayor entidad y evitando, a su vez, el trasvase de los estudiantes del Colegio jesuita hacia el centro dominico. Esta rivalidad "claustral" se recrudecerá entre estas dos congregaciones adquiriendo una nueva dimensión a causa del asunto de la opinión pía. Para nuestros mecenas, de los cuales no podemos negar su relación con la promoción de estos movimientos a favor de esta creencia , favorecer a la casa jesuita jerezana, de probada filiación concepcionista, les debía resultar una plausible acción con la que poder cosechar, por razones obvias, unos -réditos- más que ostensibles. A pesar de todo, las circunstancias y la evaluación razonable de ellas acabarán por frustrar las intenciones de los promotores de esta fundación.

Terminado este somero estudio introductorio, pasamos a la trascripción, en su parte esencial, del documento:

Archivo Municipal de Jerez de la Frontera. Sección de protocolos notariales.

Legajo 1542, (Oficio 17, Escribanía de Juan Camacho Flores, año 1638)

12 de Junio, ff. 334r-335v.

Fundación de estudios a favor del Colegio de la Compañía de Jesús

En el nombre de dios Nro. S. amen. Sepan guamos esta carta vieren como yo don francisco cavallero de los olivos vesino que soy delta muy, noble y muy leal ciudad de Xeres de la frontera en la calle y collacion de San Miguel digo por quanto en el colexio de la compañia de Jesus desta dha ciudad se estudia la gramatica y la latinidad por todas las personas que las quieren oir y para que los estudiantes que en el dho. collegio la oyen y aprenden puedan sin salir del pasar adelante a estudios mayores con la comodidad que se quisiere y que no se queden como se quedan todos los más en los principios Por no aver en el dho. Collegio los dhos. estudios mayores y de que resultara gran beneficio a esta Republica y a las demas de su contorno que se quisieran aprovechar desde beneficio y assi para mayor Honra y Gloria de dios nro. S. otorgo y conosco por esta presente carta que fundo una cattedra de artes en el dho. Collexio de la compañía de Jesús desta dha ciudad para que un relixioso del la lea y enseñe a todos los estudiantes que la quisieren oyr y perpetuamente para siempre Para lo qua¡ desde luego Para quando lo susodho tenga efectto y que esta buena obra tenga la dha perpetuidad y firmeza Mando y doto cient ducados que pagan treynta y siete mili quatrocientos maravedis de renta y tributo perpetuo en cada un años para siempre jamas la qual dha renta a de correr y corre contra mi y a mis bienes y a favor del dho collexio desde el dia que se comenzare a leer la dha cattedra de artes y me obligo y obligo a los dhos. Mis bienes y erederos a que daran y pagaran los dhos cient ducados de rta. a el dho. Collexio u a quien por el fuese parte en dos pagas la una por el dia de pasqua de de navidad y la otra por el dia de san juan Baptista de cada un año puestos y pagados en esta dha ciudad de Xeres de la frontera y a su fuero llanamente y sin pleyto alguno con las costas de la cobransa de cada paga. Con tal aditamento y condición que a quedar y queda A mi elección y boluntad el pagar la dha renta de mi casa u dar uno o mas tributos los que quisiere en la dha cantidad y dandolos en propiedad y possecion a de cesar la dha mi obligación porque con dar los dhos tributos e de aver cumplido con ella y por cuanto asimismo tengo yntención y tratado con el sr. doctor don Alonso Cavallero de los olivos canonigo de la Magistral de esta dha ciudad y comisario del Santo Oficio en (roto) de fundar otras, dos cattedras de prima y bisperas de teoloxia escolastica para que se lean y enseñen en el dho collegio continuamente con la que fundo por esta escritura de las dhas artes con que es(tan) enteramente fundados los estudios mayores y tengo concertado con el dho. Collexio en doscientos ducados de renta la dha fundacion con que dentro de tres años contados desde oy aya de tener y tenga efecto lo susodho y que en el dho no pueda admitir en el dho collexio otros fundadores por mas ni menos renta ni por la propia sino es a mi el dho otorgante y el dho don Alonso Cavallero mi tio y para cuando tenga efecto lo susodho Reservo en mi y en el susodho. El poner y pedir en esta fundación y la que de nuevo hisisemos los gravamenes clausulas y condiciones y prepemiencias que nos pareciese y que se les conceden a semexantes fundadores = y estando presente el Pr. juan de quadros rector de dho Collegio de esta dha ciudad por el y en su nombre acepto esta dha escritura en todo y por todo segun y como en ella se contiene y le obligo y a todos los religiosos que al presentes del son y adelante fueran a que cumpliran lo que por esta escritura les toca y es de su parte y que dentro de un año contado desde oy dia de la fha. de esta escritura traere aprobación de ella de nro. Pr. provincial y confirmación de nro. padre general lo que baste para su berdadera firmeza... (Prosiguen formulas legales).

Firmas: Franco. Cavallero de los Olivos - Joan de Quadros - Joan Camacho Flores (escribano público).