sábado, 22 de abril de 2017

EXPOSICIÓN VIRTUAL: LA BIBLIOTECA DE UN ILUSTRE ILUSTRADO JEREZANO

Con esta entrada ofrecemos un breve recorrido virtual por la una de las más importantes bibliotecas particulares del Jerez del siglo XVIII que estudiamos en nuestro libro: Oligarquía y lectura en el siglo XVIII: La biblioteca de Manuel del Calvario Ponce de León y Zurita, regidor de Jerez de la Frontera (1794), Madrid, Bubok Publishing S.L., ISBN: 978-84-686-5608-3.

El siglo XVIII fue un momento decisivo de la historia española y europea. Para la ciudad de Jerez fue asimismo un periodo de prosperidad económica que propició un desarrollo paralelo en el plano cultural. 

Los estantes de la nutrida biblioteca -más de 900 títulos y casi 1.000 volúmenes- del noble y regidor Manuel del Calvario Ponce de León y Zurita se nos antoja el mejor escenario para presenciar cómo las nuevas corrientes de pensamiento derivadas de la Ilustración se introducen en la sociedad jerezana y cómo éstas se abren hueco en bibliotecas formadas por un consumo lector en el que todavía tenían un importante peso la producción cultural contrarreformista o barroca. Estos estantes son, en definitiva, una fotografía de la sociedad jerezana de fines de siglo XVIII.

La selección de títulos procedentes de esta biblioteca particular para esta "muestra virtual" se ha realizado eligiendo aquellos más representativos o significativos de los núcleos temáticos en torno a los que pueden agruparse los libros reunidos por Manuel Ponce de León. 

También he querido que las obras seleccionadas  puedan consultarse en la colección patrimonial de la Biblioteca Municipal de Jerez. No sólo como muestra de la riqueza de los fondos de esta institución, sino también con el objeto de probar la general presencia que tuvieron estas obras impresas en nuestra ciudad. 

La muestra se va a realizar por temáticas. Empezando por aquellas con mayor numero de títulos para ir descendiendo gradualmente por los contendidos de menor representación dentro de la biblioteca.




GEOGRAFÍA E HISTORIA


Era la temática de mayor presencia en las bibliotecas de la época, en la de Ponce de León significaba el 34% del total.
Los títulos elegidos pertenecen a los nuevos estudios críticos y científicos de la Antigüedad que empiezan a desarrollarse con los pre-ilustrados o Novatores y la reedición dieciochesca de obras germinales de estos estudios históricos.



Antonio, Nicolás (1617-1637) 

















RELIGIÓN Y MORAL

Como síntoma de la vigencia de los presupuestos culturales contrarreformistas, el segundo núcleo temático era el relativo a la religión y moral católica. Los textos elegidos son representativos de la espiritualidad católica y el pensamiento ortodoxo que férreamente luchaba contra la introducción de las "herejías" que estaban sembrando el pensamiento racionalista ilustrado.








FILOLOGÍA-LITERATURA

Con el mismo porcentaje que la religión, un 16% de la biblioteca de Ponce de León lo formaba los libros relacionados con la literatura y obras de carácter filológico.  Hemos elegido dos obras cuya presencia en las bibliotecas de nuestro país es continua a lo largo de toda la Edad Moderna. La tercera trata de la polémica originada a mediados del XVIII en relación al mérito de los autores españoles en relación a los de otros países.



Ercilla y Zúñiga, Alonso de (1533-1594) 










TRATADOS TÉCNICOS-CIENCIAS APLICADAS

La Ilustración apostará por impulsar la impresión de obras técnicas o de ciencias aplicadas para la mejora de la distintas industrias. Ponce de León como persona afín a este movimiento político-cultural promovido desde la Corte, pero también como hacendado propietario agrícola y ganadero, reunió un interesante número de estas obras, que con 72 títulos era la cuarta temática más representada en su biblioteca.  En esta muestra incluimos la Encyclopédie ou Dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers, que su bien no estaba en su biblioteca sí esta documentada su presencia en otras bibliotecas jerezanas de esos mismo años.



Herrera, Gabriel Alonso de (1470-1539) 
Agricultura general : que trata de la labranza del campo y sus particularidades, crianza de animales, propiedades de las plantas que en ella se contienen, y virtudes prouechosas à la salud humana / compuesta por Alonso de Herrera ; y los demas autores que hasta aora han escrito desta materia, cuyos nombres, y tratados vàn à la buelta desta hoja. (1645) 








Encyclopédie ou Dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers. 
Recueil de planches pour la nouvelle édition du dictionnaire raisonné des sciences, des arts et des métiers avec leur explication. (1779) 
 






POLÍTICA, ECONOMÍA Y JURISPRUDENCIA

Manuel de Calvario Ponce de León, miembro de una familia aristocrática de profunda raigambre en la ciudad; con aspiraciones a obtener el título de Grande de España por sus relaciones familiares con el Ducado de la Casa de Arcos; que ocupaba, como sus antepasados, los puestos de gobierno local y que, por su parte, se adscribía al movimiento ilustrado jerezano al ser miembro activo de la Sociedad Económica de Amigos de País de Jerez, no pudo estar ajeno a leer distintos textos de materias políticas y económicas. En su biblioteca encontramos obras propias de la política de la Edad Moderna en España como eran aquellos que pretendían hacer compatible la Razón de Estado o el Maquiavelismo con la Doctrina Cristiana (Tacitismo) junto a títulos fundamentales de las nuevas concepciones políticas de la Ilustración.





EDUCACIÓN

La Educación era la Fuente de la Felicidad Publica a la que aspiraban los ilustrados. Manuel del Calvario reunió obras fundamentales y fundacionales de los presupuestos educativos ilustrados. 
En este mismo apartado hemos incluido, también, un ejemplo de la literatura emblemática, representada en Alciato, por su importante papel en la formación humanística y moral de individuo durante toda la Edad Moderna, de ahí su contante presencia en las bibliotecas de cierta entidad.









CIENCIAS

Una persona que, como Ponce de León y Zurita, detallaba entre sus bienes un barómetro, varios telescopios y una “máquina eléctrica” (posiblemente una “botella de Leyden”), evidencia que no era ajena a los avances científicos y a sus aplicaciones prácticas. No eran, por tanto, mero adorno los 40 títulos de temática científica que podían consultarse en su librería. 

















Torrubia, José. 

Aparato para la historia natural española tomo primero, contiene muchas dissertaciones physicas especialmente sobre el diluvio ... / autor ... P. Fr. Joseph Torrubia. (1754)


 



OBRAS MISCELÁNEAS

Las obras misceláneas o de carácter enciclopédico y aquéllos volúmenes que recopilan obras de diversas materias tratadas o los Libros de Viajes por un mismo autor fueron libros muy populares en la época. Aquí traemos algunas de las más importantes de la época. Son textos marcados por ese espíritu crítico tan característico del Siglo de la Luces. En este apartado incluimos La Pensadora Gaditana que si bien no consta en los estantes de Manuel del Calvario si pudo haberlo pedido prestado a su familiar Joaquín Ponce de León quien en su biblioteca contaba con varios tomos de esta publicación.







                                      







RELACIONES

Este tipo de publicaciones cuyo objeto era la descripción de distintos acontecimientos o celebraciones fue muy popular en la época y está relacionada con las producciones impresas llamadas de "cordel" o de "pliegos sueltos" que por ser una literatura de consumo inmediato solían tener una vida corta, salvando aquellas que eran encuadernadas en volúmenes de "papeles varios".








PENSAMIENTO-FILOSOFÍA

Los títulos sobre Filosofía no abundan en esta biblioteca. El neoestocismo fue un corriente moral y filosófica característica del periodo barroco español y que todavía a fines del siglo XVIII tenía predicamento. El libro que sacamos de los anaqueles de Ponce de León así lo atestigua.



 







ARTE

Pese a que sólo son diez títulos, apenas un 1% de la biblioteca, la presencia de tratados artísticos no deja de ser reseñable por relación con la difusión en Jerez de postulados artísticos y estéticos, en especial los del Neoclasicismo.


Rejón de Silva, Diego Antonio:
Diccionario de las nobles artes: contiene todos los terminos y frases facultativas de la pintura, escultura, arquitectura y grabado. Segovia 1788.






JEREZ DE LA FRONTERA


Acabamos el recorrido con la producción literaria sobre Jerez. Esta estuvo en buena parte dedicada a los estudios históricos. Manuel del Calvario contó con la mayoria de estas obras y que aquí resumimos en la del canónigo de la Colegial Francisco de Mesa Xinete















viernes, 13 de mayo de 2016

SOBRE EL ORIGEN DE LA SÁBANA SANTA DE LA MERCED



Este artículo los publicamos con motivo de la Cuaresma en Diario de Jerez (19/02/2016). En el se demuestra una vez más la necesidad de acudir a las fuentes primarias (en este caso el documento) antes de construir "castillos (historigráficos) en el aire", cosa que suele suceder cuando nos guiamos únicamente por lo que han dicho otros historiadores y no contrastamos sus afirmaciones. Todos nos podemos equivocar cuando razonamos, escribimos, tomamos notas, etc..., por eso es imprescindible no aceptar ciegamente lo ya escrito como un dogma intocable. Todo es susceptible de revisión, incluso nuestros propios escritos. 

Gracias a la labor de estudio y puesta en valor de historiadores como Jesús Caballero Ragel, Francisco Antonio García Romero o, el recientemente fallecido, Alberto Cuadrado Román, la Sábana Santa del convento de La Merced, una de las 25 copias que de esta reliquia existen en España, ha salido en los últimos años de un largo periodo de postración y olvido.




Sin embargo, los pormenores de la llegada a nuestra ciudad continuaban en el terreno de las hipótesis. Se ha supuesto que la Sábana Santa se encontraba entre las reliquias que, procedentes de Roma, se depositaron en el convento mercedario en 1572. Bajo esta premisa, sustentada en la bibliografía referida al cenobio mercedario jerezano (Chamorro, Comino o Fariñas), se ha afirmado que la Sábana fue llevada nuevamente a Italia a fines del siglo XVII para ser tocada con la original. Esta última conjetura parte de la escritura pública de donación de la Sábana que realiza fray Ángel Alberto a favor del convento mercedario en 1686. Pese a que la referencia documental de esta donación es ofrecida por la citada historiografía sobre el convento de La Merced, el análisis directo de esta fuente no ha sido tomado en consideración a la hora de desenmarañar las incógnitas de la síndone jerezana.
En el documento, perteneciente al Archivo de Protocolos Notariales de Jerez (oficio 7, año 1686, 15 de diciembre, ff. 277-279v.), se lee lo siguiente:

 “Sepan como yo fray Ángel Alberto religioso presbítero de la horden de nuestra señora de la Merced […] otorgo y conozco a favor del dicho mi convento y del muy reverendo padre fray Joseph Montero comendador de el y de los demás religiosos del dicho convento y digo que por quanto yo tengo una Sávana Sancta tocada con la original en que fue envuelto el santísimo cuerpo de nuestro señor Jesucristo quando por Joseph fue vaxado de la cruz, cuyo original en donde así se toco para oy en poder de su excelencia el Señor Duque de Saboya en la ciudad de Turín que es del dicho señor duque para que el dicho convento la aya en propiedad y pozession y use della como cossa propia teniéndola con toda veneración y decencia colocando la dicha reliquia en el altar de San Pedro Nolasco colateral de la capilla mayor haciéndole un retablo y en él un nicho en forma de sagrario donde esté la dicha reliquia con toda custodia […]”.

Este extracto del documento de donación diluye toda especulación en torno al origen de esta reliquia. Queda asentado, de este modo, que la Sábana era propiedad de fray Ángel Alberto y que fue él quien la dona a su convento en 1686, bajo una serie de condiciones, ya recogidas en los citados estudios. Unas condiciones que sólo un donante, como era fray Ángel Alberto, tendría la facultad legal para poder señalar.


sábado, 16 de abril de 2016

CERVANTES EN LAS BIBLIOTECAS JEREZANAS DEL SIGLO XVIII



Como contribución a los 400 años de la muerte de Cervantes presentamos este breve estudio publicado en Diario de Jerez (15/04/2016). En el hacemos un breve recorrido por las bibliotecas jerezanas del siglo XVIII en busca de la presencia las obras cervantinas.



Archivo:Cervates jauregui.jpg
Se ha escrito que el XVIII fue el siglo en el que España redescubre la que desde entonces es la obra más universal de su literatura. Su ingenioso autor saldrá entonces de los estantes y será aupado a la cumbre del Parnaso español. Y si a lo largo del siglo XVII sólo hubo seis ediciones del Quijote, en este se sumaron treinta y tres.
Este fue un redescubrimiento promovido por la intelectualidad. Pero, ¿cuál había sido la recepción de las obras cervantinas entre los lectores jerezanos del Setecientos?  Hay que partir de un dato clave: que a mediados de ese siglo sólo el 35% de la población masculina jerezana y un 10% en el caso de la femenina sabía leer, y esto gracias a los avances que en la escolarización se habían gestado en nuestra ciudad por aquellos años (véase nuestro estudio sobre la Educación en el Jerez del XVIII). No obstante, el no saber leer no era a priori un obstáculo para acceder a la cultura escrita, al menos a parte de ella, sobre todo la a literatura de entretenimiento, pues la lectura oral colectiva fue una práctica muy extendida.
Pero, cabría preguntarse: ¿cuántos y quiénes fueron los que poseían libros entonces?  Teniendo en cuenta las limitaciones de las fuentes documentales, se puede afirmar que sólo el 5,6 % de la población jerezana de la segunda mitad del XVIII había reunido una cantidad de libros susceptible de ser incluida en los inventarios de bienes, que por muerte u otra circunstancia eran protocolizados ante notario. Esta población poseedora de libros ostentaba un status económico medio-alto. Sin embargo, la riqueza no siempre equivalía a la posesión de bibliotecas. 
Con estas consideraciones previas, busquemos, tomando como base los casos que hemos estudiado en la monografía sobre la biblioteca de Manuel del Calvario Ponce de León y Zurita, la presencia de la obra de Miguel de Cervantes en las bibliotecas particulares del Jerez de esa época.
Comencemos apuntando que la literatura no fue la lectura que más espacio ocupó en los estantes de aquel siglo. Esto, evidentemente, acota y acorta la búsqueda. Así, por ejemplo, entre los 47 títulos que formaban la biblioteca del veterinario Pascual Martínez no encontramos un solo libro de este contenido. Ni tampoco entre los 78 reunidos por la propietaria agrícola Sebastiana Lizano. El arquitecto Domingo Mendoviña, por su parte, declaraba en su testamento que poseía “algunos libros e instrumentos de su ejercicio de arquitectura, todo de corto valor”. El abogado Matías Franco sólo poseía a su fallecimiento 10 títulos (22 tomos en total). De literatura sólo conservó cinco tomos con la obra de Quevedo y la novela satírica “El Siglo Pitagórico”. 

En efecto, la literatura del Siglo de Oro continuaba siendo leída con interés. Por ejemplo, por el aristocrático matrimonio de Joaquín Ponce de León e Hipólita Trujillo. En su centenario palacio de la calle San Blas - hoy vergonzosamente en ruinas - contaban con 114 títulos. La Historia y la Religión tomaban la mayor parte de los anaqueles, lo habitual en las bibliotecas barrocas no profesionales. En siguiente lugar, la Literatura. Aquí de nuevo nos saluda Quevedo, sus anteojos y una selección de doctos autores latinos, como Ovidio y Virgilio. En cambio, el cosmopolita marqués de Montana, poseedor de una ostentosa librería en la que guardaba 97 títulos, había fijado sus intereses literarios en la producción gala contemporánea, principal foco cultural de la Europa del momento. De producción nacional sólo hallamos a Calderón, y ello pese a que, después de la Historia, la Literatura había sido el segundo de sus intereses lectores. 
Más variedad en cuanto a obras literarias encontramos en la biblioteca de la aristócrata y potentada Jerónima Juana Caballero Ortiz de Zúñiga. Haciendo escrutinio de sus 42 registros, dedicados la mayoría a la Historia y a las Vidas de santos, topamos con algunas obras literarias, como la del polifacético Torres Villarroel y con autores del siglo anterior que continúan insistentemente presentes, como Zabaleta o Baltasar Gracián. Doña Jerónima también solazó sus días con la “Novelas sin las vocales” y con la poesía  de sor Juana Inés de la Cruz. Y Cervantes sigue sin asomar. 
Aventuremos nuestros pasos, ahora, en busca de próspera fortuna, hacia las bibliotecas más nutridas de ese Jerez de tintas oxidadas. En la Carpintería Alta, en el número 17, erigió su barroca morada - hoy vilmente abandonada a la especulación - el retablista Matías José Navarro. En sus numerosos y prolongados ratos de ocio, vigilando de reojo el sudoroso laborar de sus hermanos, Matías pudo leer - ¡por fin! - los dos tomos del Quijote, pero también a los omnipresentes Quevedo, Gracián, Mateo Alemán, Vélez de Guevara y a otros muchos. ¿A qué manos irían a parar tras su muerte sus 339 libros? Quién sabe si alguno de ellos, tras la almoneda de sus bienes, cruzó la puerta del palacio renacentista de su vecino, el regidor Manuel Ponce de León. Como aristócrata ilustrado, Ponce de León defendió el mérito de los escritores españoles frente a las sañosas críticas vertidas desde el otro lado de los Pirineos. Un movimiento cultural que, como dijimos, sacará del cautiverio del olvido a ese escritor tan laureado, curiosamente, por franceses e ingleses. Así, reunió una biblioteca que fue una de las seis “más copiosas y selectas” del Jerez de entonces. En 1796 alcanzaba los 910 títulos de variadas materias. De ellos, 144 eran obras literarias. De Cervantes, Ponce de León adquirió “La Galatea”, “Don Quijote”, “El amante liberal” y un tomo con sus obras dramáticas. 
A parte de la famosísima de Villapanés, existieron más bibliotecas de cierta entidad, pero su contenido quedó silenciado en los documentos. Con todo, los casos expuestos apuntan hacía una conclusión: que las obras de Cervantes no fueron una lectura prioritaria; otras atrajeron más que las hazañas de Don Quijote o las ocurrencias de Tomás Rodaja, tal es el caso de “Las aventuras de Telémaco” del francés Fénelon, un auténtico best seller que no excusaba su presencia en casi ninguna biblioteca. En esto, Jerez no fue un caso aislado. Más que un abuso lector que acabó físicamente con el ejemplar, como especuló T. Dadson, quizás haya que aceptar que otros autores tuvieran una mayor aceptación popular y que también, como sucede hoy, los fulgores de las novedades fueran los que guiaran el gusto - bueno o malo - de los lectores.   

domingo, 6 de marzo de 2016

MÚSICOS MUNICIPALES EN JEREZ DE LA FRONTERA EN LA EDAD MODERNA

Sacabuches, tiples, cornetas, bajones, flautas, trompetas, tambores, pífaros, chirimías, ministriles..., es decir, músicos. Todos ellos jugaron un papel fundamental en el ceremonial público y en la construcción de la imagen del Poder en la España de la Edad Moderna. En Jerez, también.

Como un breve anticipo de la investigación que esperamos que nos sea editada en breve, presentamos este artículo que publicamos en el periódico Viva Jerez el 26 de enero de 2016.

 

miércoles, 3 de febrero de 2016

CALLE POR-VERA VS. CALLE DE LA POLVERA

Desde que comenzamos a investigar los viejos legajos y documentos del Archivo Municipal de Jerez, siempre nos llamó la atención la insistente presencia en ellos de la actual calle Por-vera escrita como "calle de la Polvera". Un nombre que me hacía cuestionar la capacidad gramatical de los escribanos de Jerez, el habla jerezana y, cuando menos, la "tradición" universalmente aceptada en el Jerez de nuestros días de que el nombre de esta principal calle jerezana provenía de su discurrir por la "vera de la muralla". El tiempo (entre legajos) y un poco de suerte todo lo acaba desvelando, como sucedió con la dichosa Polvera.


Esta investigación la publicamos como TRIBUNA LIBRE en el Diario de Jerez el 27 de febrero del 2013 y lleva por título:

La fantasía impugnada por los documentos. Del Rincón Malillo a la Por-Vera, un bello recorrido históricamente anecdótico.




LA nomenclatura de las calles del casco histórico jerezano se remonta, en la mayoría de los casos, a los primeros momentos de la configuración de la ciudad medieval cristiana y a la expansión urbana de los siglos XV y XVI. Una familia o una persona, una actividad económica, un accidente geográfico, un suceso o un edificio significativo se encuentran detrás de muchos de estos nombres, nombres que aún permanecen como algo indeleble de nuestro día a día. Sin embargo, desvanecido de la memoria colectiva, con el correr de los años, aquello que les dio nombre, tratar de dilucidar el porqué de esta nomenclatura no es siempre tarea sencilla. 

Como bien demostró el archivero municipal Agustín Muñoz y Gómez en su imprescindible obra sobre las calles y plazas de Jerez, el documento es la luz que ayuda a despejar las tinieblas que envuelven sus orígenes. Pese a ello, algunos, todavía hoy, permanecen bajo halos de leyenda, como aquella que se refiere al Rincón Malillo. Una difundida denominación que aquí parece nacer del mal estado de la muralla en aquel tramo. Tal era su deterioro, que el temor a desaparecer bajo los escombros llevó a los audaces vecinos que en 1622 habitaban este "rincón malillo de la muralla que sale al juego de pelota" a pedir cuentas a un Ayuntamiento que reiteradamente olvida sus responsabilidades en el mantenimiento de los muros patrios. Se disipan, así, los cuentos con final fatídico construidos sobre fanfarronadas de caballeros que se atrevieron a retar al Diablo en aquella encrucijada de calles del barrio de San Mateo. Si bien es verdad que la comunicación con el bullicioso Juego de Pelota, escenario recurrente para valentones y duelos de capa y espada, [véase nuestro artículo sobre el Juego de la Pelota] pudiera haber dado algún sangriento suceso que acabó abonando tan fantástica como evocadora leyenda. 

 Pero bajemos hasta la calle Por-vera. Muñoz y Gómez dice que este título proviene de su discurrir "por vera de la muralla". Una tesis que puede ser acreditada con la trascripción que Mesa Xinete realiza del repartimiento de tierras que Alfonso X hizo al Convento de Santo Domingo: "Otorgamos (…) el campo y huerta que es entre la Puerta de Sevilla y de la otra parte de la carrera que va a la par del muro de la villa" (Historia de Xerez, tomo II, p. 341). Sin embargo, en la documentación de los siglos XVI hasta mediados del XIX, esta calle es, sin excepción, nombrada como "calle de la Polvera". Sin más. Será a mediados del siglo XIX, cuando alguien consideró que "polvera" era la trascripción de una mala pronunciación de: "por vera del muro". Desde ese momento, la calle "de la Polvera" pasó a ser calle "Por-vera". Un cambio de denominación que, inexplicablemente, el archivero Muñoz intentará validar documentalmente y que se ha aceptado, hasta hoy, sin ningún tipo escrúpulo. 

 Como decimos, los documentos anteriores a esa fecha nombran a esta calle como "calle de la polvera". En esta expresión, la palabra "polvera" aparece siempre funcionando como sustantivo, lo que da a entender que se hace referencia a un objeto (la polvera) que había caracterizado o que era propio de esta calle. Esto, a menos que, en siglos, nadie hubiera pronunciado y escrito correctamente: "Por la vera del muro", pero sabemos que Jerez no fue tan analfabeta como para llegar a tanto. La pregunta es inmediata: ¿qué era 'la polvera'? Precisamente, son los documentos los que nos darán la respuesta. Dejemos que hablen. 

 Un acta capitular de 1543 recoge la petición de los albañiles y caleros de la ciudad para trasladar los almacenes de la madera y los lugares de producción y venta de cal a la zona de la Puerta Nueva. En ella se hace referencia a estos últimos lugares como "la polvera de la cal". Otra petición dirigida al Cabildo en ese mismo año solicitaba, a su vez, el traslado de los "porveros de cal", que estaban en las inmediaciones de la Puerta de Sevilla. Por tanto, "la polvera" que quebraba nuestras cabezas se trataba de depósitos y hornos de cal, tal y como hoy se usa en las famosas caleras de Morón. Como asimismo demuestran otros documentos de la época, estas "polveras de la cal" se habían situado en las entradas-salidas de la ciudad, donde habría un mejor acceso a estas mercancías y donde estas industrias se desarrollarían sin gran perjuicio de los vecinos.

 Fue, sin embargo, en el citado entorno de la Puerta de Sevilla donde la producción y venta de la cal se afianzó en el tiempo -o donde tuvo una mayor relevancia-, bautizando, así, tanto al lugar como a la calle que se estaba formando por entonces. Así lo comprobamos en el siguiente documento que nos informa cómo en 1613 el convento de Santo Domingo vendía una casa "que dicho convento tiene en la Polvera junto a la alcoba, que linda con la muralla de la ciudad". La escritura de esta compra-venta especifica el enclave de la casa, que estaba cercana a la Puerta de Sevilla, "en la collación de Santiago en la calle de la polvera junto a la azacaya nueva (surtidor público de agua)". O, también, "en la calle de la Victoria junto a la calera en linde con casa que fueron de Alonso de Melgarejo veinticuatro y bodegas de Antón Juares y por el lado derecho el Alcoba nueva y el muro". Este documento señala la continuidad de la producción de la cal en este lugar, habiendo dado nombre a la calle. Un nombre que acabó prevaleciendo, pese a que en aquellos años también se le llamaba indistintamente "de la Victoria", por el homónimo convento allí enclavado.

 Hay que hacer notar que esta zona trasera al convento de San Juan de Dios y a la capilla de San Juan de Letrán tuvo cierto carácter industrial en aquella época; allí se documentan, asimismo, varios hornos de pan, ya a principios del siglo XVIII. La producción de cal en esta zona continúa hasta finales del XVIII. Por entonces, la denominación de "hornos de cal" prevalecería sobre el de "polvera" o "polveros", un hecho que, no obstante, no impidió que el pueblo respetase el nombre que tenía esta calle desde el siglo XVI. Un respeto a la Historia que, en cambio, no tendrá la arrogancia de los que confeccionan la nomenclatura del callejero jerezano en tiempos posteriores.



Fuentes: 

Archivo Municipal. Actas Capitulares, año 1622, f. 642; año 1543, ff. 708v., 709v., 757. 

Arch. Protocolos Notariales, tomo 1186, f. 49-51v.; tomo 2247, f. 572v.; tomo 2964, s/f. 


Romero Bejarano, M.: "Arquitectura militar en Jerez durante el siglo XVI", Jerez, 2008, notas 129, 130, 131.


domingo, 13 de diciembre de 2015

EL HISTORIADOR GONZALO DE PADILLA, ENTRE LIBROS Y DEVOCIONES.

Mis queridos lectores no me reprocharán la poca actividad de este blog. A buen seguro están alertados de la conocida la indolencia de su autor en publicitar sus obras historiográficas. Una indolencia o, mejor, desapego que ni siquiera le ha llevado a dar cabida en este feudo virtual una mísera línea sobre la presentación en sociedad de ese libro sobre la Educación en el siglo XVIII en Jerez que culminaba y reunía las avanzadillas que hemos ido presentando en este blog. Ni un anuncio del ameno Tour, que complementó dicha conferencia-presentación literaria, y que comandó por los lugares del callejero jerezano donde se establecieron los centros docentes más relevantes de ese Jerez de la Edad Moderna, sobre los que sigue reuniendo datos que esperan que de una vez se les de forma de publicación. Ambos acontecimientos tuvieron lugar, respectivamente, en mayo y junio de este año. Y no crean que no los publicitó aquí por ningún extraño motivo. Ni por que tenga a los blogs aborrecidos, ejem, ejem... Sólo, como digo, por simple dejadez.

Bueno, despues de esta parrafada (o soliloquio), a lo que íbamos. Aquí os dejo un artículo publicado en el Diario de Jerez el 17/III/2015 sobre el historiador del siglo XVII Gonzalo de Padilla en el que perfilo su vida intelectual y su obra al frente de la iglesia parroquial de San Lucas. He de decir, para descargo de mi conciencia -y por si hay algún suspicaz por ahí-  que la redacción del Diario recortó el texto del artículo sin mi conocimiento. Esa es la razón por la no aparezcen las fuentes documentales que acompañaban al texto original y que autorizan todo cuanto en él se dice. Como próximamente aparecerá un estudio de mayor enjundia en el que profundizo aun más en la figura de este enmarañado cronista local, a él remito al interesado o interesada.  Bueno, pues nada más, hasta otra.


EL HISTORIADOR GONZALO DE PADILLA, ENTRE LIBROS Y DEVOCIONES.

Aseguraba Hipólito Sancho en su Xerez, Sinopsis Histórica (1961) que en el siglo XVIII  “tuvieron las ciencias históricas en Jerez un grupo tan numeroso como nutrido de cultivadores”. Y estamos de acuerdo. Aunque no es menos cierto que los cimientos y el cuerpo de esa historiografía estaban asentados desde el siglo anterior.
Fenómeno característico de la España del Seiscientos fue el de los historiadores locales. Escritores que cortaban sus plumas a la medida de las presunciones patrias, creando unos textos al servicio del prestigio de sus ciudades y de la exaltación de sus linajes oligárquicos. Uno de ellos fue Gonzalo de Padilla (1577 – c.1657).
No es esta la primera vez que me ocupo de la desdibujada figura de este presbítero y de su, no menos enmarañada, obra historiográfica. Han sido trabajos que demostraron el error de identificarlo como autor de la Historia de Jerez que por tradición se le ha venido atribuyendo. Una maraña de autorías fruto de la compilación y adición de textos que, sin alcanzar el premio de la imprenta, habían pasado como materiales de trabajo de unas manos eruditas a otras. La imprenta llegó al final, pero para celebrar el error.

Continuando con el perfil biográfico del doctor Gonzalo de Padilla, centramos la atención, en esta ocasión, en la jugosa información que aportan sus últimos testamentos.
Nunca sabremos si fue una burla del Destino o si, en cambio, fue un intento de reconciliación de alguien que defendió a ultranza la primacía de los Santos de Hasta como patrones principales de Jerez; el caso es que el 9 de octubre de 1657, día de san Dionisio, en su morada de la calle Bizcocheros, Gonzalo de Padilla, “enfermo de cuerpo y sano de la voluntad”, en su “juicio y entendimiento” y rondándole la calamidad postrera, tomaba la pluma, quizás por última vez, para firmar su codicilo. Este documento notarial venía a acrecentar y enmendar el testamento que había otorgado meses antes. Por él conocemos que inició su carrera eclesiástica con apenas catorce años, edad con la que obtuvo su primera capellanía. Después vendrán tres más, fundadas por familiares. Las capellanías le ingresaban unos 140 ducados al año, a los que se sumaban sus retribuciones como cura beneficiado de la parroquia de San Lucas, beneficio que obtendría en torno a 1620. Entre sus bienes también contó con las rentas de una casa-tienda en la calle de Francos, también de herencia familiar.
Es evidente que el doctor Padilla gozó de una clara holgura económica. Si no hubiese sido así, raramente hubiera podido renovar a sus expensas la sacristía de la iglesia de san Lucas con ropas y vestuario, gastando en ello “muchos dineros”, pues al entrar al servicio de ella la halló “tan pobre” que ni de eso tenía. Y seguía relatando: “y a la santísima virgen de guadalupe le e vuscado entre sus debotos munchos vestidos ricos. En que dejo de rropas y plata a la dicha yglesia munchos ducados”.
Fue fray Esteban Rallón quien informó en su Historia de Jerez, escrita hacia 1660, al hablar de la parroquia de San Lucas que su docto cura renovó el culto a la citada imagen mariana. Y, en efecto, así lo constataba Padilla en su codicilo: “en la dicha yglesia del señor sant Lucas yo entroduxe la ssanta devossion de nuestra señora de guadalupe que a más de treinta y tres años y en todas sus festibidades del año a ora de prima se diese primero muy solene (ilegible) ocho belas blancas”. Por tanto, pudo ser hacia 1624 cuando, según declaraba: “yo fundé una cofradía de la birtud (sic) de la ssantissima birjen de guadalupe en la dicha iglesia del señor san lucas donde están asentados por esclabos de la santísima birjen muchas personas debotas. Y, reiterando la manda anterior, concluía: “mando y es mi voluntad que al benefisiado que susediere […] se le entregue el libro de los esclabos y que continúe esta santa debosión”. Más allá de los testimonios que narran sus experiencias sobrenaturales con esta imagen -que la tradición cuenta que fue donada por el rey Alfonso XI-, quizás detrás del hecho de alentar su culto subyaciera el intento de conseguir un elemento en torno al cual reunir los apoyos económicos de que tanto carecía, al parecer, el viejo templo alfonsí. Lo cierto es que la cofradía será capital para su mantenimiento. Así, pues, Padilla obró el milagro.

Virgen de Guadalupe. Iglesia de San Lucas, Jerez.
Al margen de sus labores al servicio del templo donde pidió ser enterrado, las últimas voluntades del Dr. Padilla reflejan también esa elevada formación intelectual que le permitió acceder a un beneficio que, como el de San Lucas, se obtenía por oposición. Hablamos de su biblioteca. Después de una vida de estudio y solaz, sus libros venían a ser, ahora, una propiedad más a poner en venta con la que hallar la liquidez necesaria para cumplir las distintas mandas del testamento. Algo muy común en la época. Gracias a ello, sabemos que Padilla poseyó unos cuatrocientos tomos de libros que abarcaban materias como la Escritura Sagrada, la Teología escolástica y las Humanidades. A ellos se unía una cantidad indeterminada de libros sobre historias de órdenes religiosas y otros de materias no especificadas. Sólo esos cuatrocientos volúmenes ya representaban una notable biblioteca “profesional”. Una biblioteca que albergaría manuscritos y otros documentos relacionados con esa Historia de Jerez que comenzó a escribir hacia 1630 a instancia del cabildo municipal. Entre esos “papeles” pudieron estar aquellos “que estando en la ciudad de Sevilla en cierto negocio una persona me dio […] los cuales los he tenido guardados con mucha fidelidad y son de esta nobilísima ciudad” y que al punto mandaba que fueran devueltos a la Ciudad. ¿Quién sabe si hoy, sobreviviendo al Tiempo y a las desamortizaciones, algunos de los libros del doctor Padilla que fueron a parar al convento de Santo Domingo o aquellos que fueron al de San Agustín y al Colegio de la Compañía de Jesús aún acumulan polvo en algún arrinconado estante? ¿Quién sabe?